Patricia Itzá/ Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- Familiares o personas cercanas son las que principalmente ejercen abuso sexual a menores de la entidad y que además no ejercen maltrato físico para realizar el acto, indicó un estudio hecho por la Uady a mil 300 niños de Yaxcabá, otras zonas vulnerables, así como mercados y colonias del sur.

La Coordinadora de la Unidad Universitaria de Clínica e Investigación Victimológica de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Yucatán UADY, Reyna Peña Castillo, indicó que los niños más pequeños son los más propensos a no saber “discriminar” entre conductas que tienen el fin de un abuso y las que no, debido a la confianza que puede generar con el abusador.

De los menores con los que se trabajó para  el estudio, entre 10 y 15% saben detectar un abuso sexual pero les es difícil expresarlo o contarlo, esto se debe principalmente a la forma de la educación familiar, en nuestra cultura “existen niños que son complacientes o no desarrollaron el apego seguro con los papás”.

También te puede interesar: Más de mil 500 estudiantes buscan un lugar en el 'Tec' de Mérida

“Este proyecto trata de que a los menores aprendan estrategias claras para evitar los abusos sexuales; les enseña cuales son las partes del cuerpo que son públicas pero privadas, que a pesar de que se puedan observar no se pueden transgredir, poniendo como ejemplo el ombligo, que se puede enseñar pero uno decide si se toca o no”, dijo.

El trabajo se realizó en conjunto con la fundación Kellogg durante cuatro años, planteado como un programa de prevención basado en estrategias psicoeducativas y lúdicas, bajo el nombre “De boca en boca mi cuerpo nadie lo toca”.

“Esas acciones violentan su cuerpo, sus derechos, integridad pero principalmente su desarrollo sexual, por lo que el abuso o el tocamiento del agresor no utiliza la violencia de manera explícita; esas personas envuelven, buscan, asechan, convencen y entrampan, situación que se vuelve peligrosa debido a la dificultad que tiene los menores para identificar el abuso y seguido de los padres en detectarlo”.

Los menores analizados cursaban entre preescolar y los primeros grados del nivel básico, es decir entre 5 y 9 años. Se descubrió que “a través de la seducción, del engaño o el juego mal intencionado los abusadores buscan una interacción sexual con el niño”.

Existen diversos estudios de este tipo, la diferencia es que a través de él, se formularon estrategias lúdicas que permiten la detección del abuso, en donde a pesar de haber concluido, se implementan en ludotecas del Sistema Desarrollo Integral de la Familia DIF en Mérida.