Escribo por los recuerdos que en este momento se convierten en estación. Me refiero a todos aquellos instantes vividos que de pronto atraviesan la mente como si se tratara de una invitación para hacer una pausa y quedarnos estáticos en un pensamiento específico. Se siente como calma y trae aires de lugar seguro.

“El verano feliz de la señora Forbes” es un cuento que forma parte de los Doce cuentos peregrinos del autor colombiano Gabriel García Márquez, y que invita a repensar los espacios en los que hemos habitado, los acontecimientos posibles y el poder que puede llegar a tener la vocalización de los deseos más naturales y obscuros.

En la historia se aborda un verano en la playa; advierto que las circunstancias rompen de entrada con el imaginario que tenemos y que hemos construido desde nuestra experiencia de vida.

Dos hermanos varones se encuentran bajo la dirección de una institutriz alemana que los educa y forma con las más rigurosas reglas de etiqueta. Se siente el desequilibrio entre lo que pudiera ser el escenario perfecto como la playa y la nueva asociación que se le da cuando la formación de vida viene de por medio. Naturalmente, los niños desarrollan un odio por la señora Forbes, quien durante el día se vestía de integridad y por las noches, en la privacidad de su recámara y entre lágrimas, se soltaba bajo los efectos del alcohol y la música siendo ella la protagonista del lugar.

¿Es posible que ambas partes de la historia pudieran resultar desdichadas? Quizás los niños eran muy pequeños para ser formados de esa manera; sus corazones aún eran muy frágiles y por consiguiente el odio que creció en ellos dio pie a verbalizar deseos de muerte. Por otro lado, quizás la señora Forbes era más tristeza que rigor. Ambos, indudablemente, resultaron incompatibles.

Admito que me he quedado en un recuerdo nuevo, en una posibilidad; donde una historia vino a cambiarme la tarde y en donde mis propios recuerdos se quedaron condicionados. En esta lectura hubo magia.