William Sierra/ Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- Prácticamente durante todo el día se escucha el ulular de sirenas sujetadas en bicicletas, y se observan en los caminos las luces color ámbar que advierten la llegada de los antorchistas, provenientes de diversas partes del país, todos con un solo objetivo: venerar y arrodillarse ante la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

A unas horas de que celebre su fiesta, sin lugar a dudas una de las más importantes para los mexicanos, en esta ciudad, el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe vive desde hace varias semanas la devoción hacia la Madre de Dios.

Rostros cansados y sudorosos, pero sonrientes porque se van acercando al encuentro de la Morenita del Tepeyac y tras saber que están a punto de cumplir su promesa, como por arte de magia el cansancio se disipa.

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“Ya cuando nos dimos cuenta que estábamos entrando a la ciudad, como que algo nos empujó y comenzamos a pedalear más fuerte, hasta que dejamos de sentir cansancio”, dijo Carlos Castillo Tuz, quien junto con otros seis compañeros, tres de Maní y cuatro de Teabo, emprendieron la odisea en bicicleta, el pasado 5 de noviembre, rumbo a la Basílica de Guadalupe, donde llegaron 13 días después.

Es la primera vez que hacían el viaje, tras una promesa hecha en 2016, a cambio de bendiciones, salud y trabajo, tanto para ellos como para su familia.

Todos de oficio albañil, nunca habían ido a la Ciudad de México y se la pasaron varios meses ahorrando para cubrir los gastos. En promedio llevaron de seis a ocho mil pesos por persona para mes y medio de viaje. “Llegamos como a las seis de la tarde a la Basílica, estar ahí fue algo bonito, impresionante, y todavía sentimos más alegría cuando estábamos a unas calles de llegar aquí. Al llegar nos dirigimos a darle las gracias a la Virgencita de Guadalupe porque nos cuidó mucho en el camino”, dijo Carlos emocionado sin poder evitar que las lágrimas rodaran sobre el rostro.

Todos llegaron con una imagen de 1.40 metros de alto, además de imágenes más pequeñas, todas ellas de la Virgen María y crucifijos de madera, que adquirieron en el Tepeyac.

“Llegando a Champotón ya no nos quedaban fuerzas por lo que decidimos descansar un día, las piernas no daban para más”, añadió Eric, quien junto con Julio, Manuel José, Isidro y José coincidieron en que la parte más difícil fue subir las Cumbres de Maltrata.

Otros antorchistas, que también cumplieron su promesa, fueron ocho integrantes de la familia Maldonado, vecinos de la Colonia Obrera, que vinieron hasta la parroquia de San Cristóbal corriendo desde Campeche.

El año pasado el trayecto fue de Maxcanú hasta esta ciudad y ahora decidieron ampliarlo hasta Campeche, de donde salieron anteayer a las siete de la noche y llegaron al Santuario Guadalupano poco después del mediodía.

El recorrido lo hicieron turnándose, conforme se cansaba uno, otro lo remplazaba, desafiando la fatiga y el frío. También comentaron que en el camino se toparon con muchos otros antorchistas y que fueron bendecidos por la Virgen de Guadalupe, pues ella los protegió para que no les suceda nada malo. Tienen planeado después de escuchar misa retornar a su casa corriendo para estar presentes en la novena y una fiesta de bienvenida.