Hace unos meses los mexicanos logramos salir de los escombros de un terremoto con júbilo y unión, demostramos que juntos conseguimos cualquier meta y aquello parecía revolucionar al país, pero, tras observar mis redes sociales, me pregunto con desilusión: ¿dónde han quedado todos esos héroes?

Facebook, Twitter y WhatsApp nos están demostrando nuevamente aquel defecto propio del hombre: el odio, que, conjugado con ignorancia, nos hace perder la magia que estábamos alcanzando. Nos estamos permitiendo, por culpa de la política, discutir con nuestros colegas, amigos y hermanos. Si bien la competencia hace hervir la sangre, no debe ser así cuando quien compite no somos nosotros: si el partido político que apoyas gana, ¿te dará algún puesto? o ¿solamente comentas estados de Facebook siguiendo lo que otros dicen? De pronto todos se volvieron críticos políticos y de repente la libertad de expresión se confundió con la libertad de agresión. No permitamos que una campaña política y una vergonzosa batalla de ignorancia nos derrote y divida. Eso buscan los malos políticos que ahora desean gobernar. Juntos somos más fuertes y nadie nos lo cuenta, lo hemos visto. Escucha opiniones pero no discutas, brinda las tuyas y respeta las otras, pues no todos pensamos igual y no vale la pena que por un candidato perdamos una amistad. La campaña dura unos meses, forjar una amistad lleva años y el odio se puede incubar en instantes, en especial cuando despedazamos los ideales de otros sin piedad. Recuerda que tu libertad termina donde empieza la del prójimo.

Aplaudo a los jóvenes que nos involucramos en asuntos de ciudadanos, pero no permitamos que el México por el cual luchamos termine fragmentado.