23 de Septiembre de 2018

Yucatán

Anécdotas 'espantosas' de exvelador del panteón de Mérida

Nieto de un antiguo trabajador del Cementerio cuenta historias que ponen 'chinita' la piel.

Muchas ánimas rondan en los panteones, pero pocas personas pueden verlos.(Jorge Moreno/SIPSE)
Muchas ánimas rondan en los panteones, pero pocas personas pueden verlos.(Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- El Cementerio General de la ciudad de Mérida es uno de los más antiguos y grandes de todo el estado, y por simple lógica es de suponer que hay muchas historias paranormales.

Manuel Avilés Farfán, quien es nieto de uno de los antiguos veladores de este panteón, cuenta que cuando era un niño su familiar le contaba las historias que ahí pasaban.

"Desde niño siempre me han gustado las historias de espanto. A veces escuchaba las historias extrañas que ocurrían en el cementerio", recuerda.

Su abuelo se las decía a su abuela y ella a "mis papás, ya que vivíamos en la misma casa; en ese entonces yo tenía 12 años de edad (actualmente tiene 45) y recuerdo muy bien lo que ahí pasaba”, dijo.

"Una de las historias que más me impactaron fue cuando mi abuelo contó que en una ocasión enterraron a un 'nené' (bebé), como de dos años de edad; por desgracia lo descuidaron sus papás y se cayó a una pisicina, y durante el entierro ambos no paraban de llorar ante la tragedia ya que se sentían culpables, pues por varias semanas ellos venían a diario al panteón y se quedaban hasta diez horas llorando y hablándole al pequeño en su tumba", explica Avilés Farfán.

Pero “lo raro vino poco después, ya que cuando le tocaba a mi abuelo quedarse tarde veía al papá del nené junto a la tumba y, como ya tenía que cerrar, cuando se acercaba a decirle empezaba a caminar hasta el extremo opuesto hasta perderlo” de vista, dice.

"Esto pasó por dos semanas más o menos siempre por las noches, hasta que un día vio que llegó la esposa, y cuando estaba junto a la tumba de su hijo, un velador se acercó para comentarle que su marido iba por las noches, a lo que la mujer sorprendida le dijo que eso no podía ser ya que dos semanas antes su marido, por la pena, se había suicidado y lo habían enterrado en su natal Campeche.

“Mi abuelo nos cuenta que eso lo impactó mucho ya que no cree que la señora le hubiera mentido en algo tan serio, por lo tanto a quien veía por las tardes y noches era al alma en pena del papá del niño que lo venía a visitar”, explica.

El cementerio en el Día de los Finados

Manuel Avilés también tiene muy presente en la memoria lo que sucedía el día de los fieles difuntos, pues dice que “otra cosa que contaba mi abuelo, y que me llamó la atención, es que una vez para la época de finados vio a la llamada procesión de las ánimas".

Avilés comenta que su abuelo "de pronto vio a unas diez personas en el interior del cementerio, todas vestidas de blanco con batones y unas capuchas que les cubrían el rostro y cargando unas veladoras".

Comentó que las ánimas "iban en 'fila india', pero aunque al principio pensaba que eran intrusos que se colaban, al momento de intentar acercarse estos se iban difuminando hasta desaparecer”.

Su abuelo le contó que "sus compañeros le sugirieron que cuando viera esto (a las ánimas) mejor no se acercara, ya que podía ocurrirle una tragedia". Comentó que los otros veladores le advirtieron que las almas en pena que veía podrían matarlo "y él convertirse en parte de esa procesión”.

El perro que visitaba la tumba de su amo

La tercera historia que contó el entrevistado fue sobre un perrito. Manuel Avilés piensa que las mascotas pueden ver el alma en pena de sus dueños cuando mueren.

Al igual que las anteriores, esta historia provino de su abuelo, quien le "contaba que una vez murió un señor y en el entierro, los familiares le llevaron a su mascota".

De pronto, dice, al día siguiente del entierro el can apareció ahí, junto a la tumba, pues al parecer el difunto vivía a pocas cuadras del panteón, "y por horas se quedaba ahí, hasta que llegaban los familiares a buscarlo y llevárselo”.

"Varias veces así lo hizo. Dice mi abuelo que a él le tocó ver al perrito cuando de pronto, junto a la tumba, empezaba a mover su cola y tirarse boca abajo como si alguien lo estuviera acariciando y decía que sólo de verlo se erizaba, ya que pensaba que a lo mejor desde el más allá su dueño le estaba haciendo cariños. Por eso él siempre decía que creía en que muchos animales eran capaces de ver a las ánimas", concluyó.

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