23 de Septiembre de 2018

Opinión

Con los ojos abiertos

Saber lo que se quiere, querer lo que es bueno, hacer lo que se proyecta.

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Saber lo que se quiere, querer lo que es bueno, hacer lo que se proyecta.- Anónimo

Cuando se practica el “tiro al blanco”, lo primero que se debe ubicar es, precisamente, el “blanco”. Conocer el objetivo al que tiene que llegar la flecha o la bala. Luego, preparar el arma y colocarla en la mejor posición, porque sólo utilizando los medios apropiados se podrá conseguir “darle al blanco”, lo cual es imprescindible para realizar cualquier acción, así sea la más “pequeña” como nuestros actos cotidianos o extraordinarios, como los necesarios para el éxito en una gran empresa. La cuestión es saber lo que se quiere.

Es una temeridad dejar a la suerte, a Dios o a las circunstancias el éxito de la empresa más importante que, si lo pensamos, es nuestra propia vida. Dicha “empresa” no resulta ni bien ni mal por sí sola. No es inteligente apostarle al mito de la “buena suerte” o resignarse al fracaso diciendo: “Ya me tocaba”, “así lo quiso Dios”, etc.

Si conocemos el fin concreto que perseguimos, si utilizamos los medios eficaces y eficientes, llenos de entusiasmo, ¡sí!..., pero distraídos, todo se quedará en acciones temerarias y dispersas. De allá el viejo dicho: “No hay nada tan peligroso como un tonto con iniciativa”. Igualmente el “echarle ganas” sin un propósito, sin dirección, sin inteligencia, sin un proyecto de vida, da como resultado insatisfacción, frustración y desánimo.

Tan nociva la irreflexión como el exceso de reflexión que provoca la indecisión. Son indecisas aquellas personas que van por la vida sin resolverse a nada, porque “lo están pensando”, “lo están estudiando”, meticulosas y llenas de miedos sin afrontarlos; tan prudentes que son apáticas y así llegan al ocaso de su vida, pensativas, de brazos caídos. No sembraron, por lo que no cosecharán; con su indecisión se volvieron abúlicas e infecundas para amar, trabajar, carentes de fe…

Ya nunca más pensemos y digamos “a ver qué sale”, pues ¿qué ha de salir de lo que se deja al azar? Fijémonos objetivos, encontremos los medios, pongamos nuestra confianza, atención, esperanza y fe; entonces, la cosecha será abundante y llenos de gozo la compartiremos.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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