15 de Octubre de 2018

Opinión

La vida nos cuestiona

Dejar que la vida nos cuestione en lugar de que cuestionemos a la vida es una manera de descubrir quiénes somos...

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…cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debes, pero ¡nunca desistir!- Rudyard Kipling, poeta

Dejar que la vida nos cuestione en lugar de que cuestionemos a la vida es una manera de descubrir quiénes somos y qué es lo que, cómo y cuánto amamos. Cuestionarle a la vida es: ¿qué me traerá este día?, ¿cómo terminará esto o aquello?, ¿por qué actúa así esa persona?, ¿por qué tanto dolor? Las personas necesitadas o poco agradables nos cuestionan acerca de nuestra tolerancia. La muerte de un ser querido nos pregunta qué creemos acerca de la muerte y cómo afrontar el dolor de la pérdida.

También un día bello o una persona buena y agradable nos preguntan si somos capaces de disfrutar… La soledad acerca de qué tanto disfrutamos de nuestra propia compañía.

Las diferencias entre nosotros, con historias y circunstancias tan diferentes, nos preguntan si somos empáticos. Las situaciones poco fáciles nos preguntan si podemos crecer y fortalecernos en la adversidad; las críticas negativas a nuestra persona y/o a nuestro actuar nos cuestionan acerca de la confianza en nosotros mismos.

Generalmente maquillamos nuestro “yo real” con el “yo ilusorio o ideal” y lo que “podríamos hacer” es la preocupación principal, en vez de lo que sí podemos hacer. Nos paraliza el miedo (a veces pánico) de no tener el control, el hecho de “no saber” qué y cómo hacer. Reconozcamos que la vida es impredecible, es una gran aventura y el “no saber” nos acompaña. Sin embargo, nuestras potencialidades se manifiestan y salimos adelante.

Reflexionemos: “La vida es estar [email protected]” en el aquí y ahora para afrontar lo que está pasando, considerando que no podemos resolver todas las situaciones, sucesos y retos nuestros y los de otras personas.

Sólo entonces podemos disfrutar de la propia vida en equilibrio, amándonos, procurándonos y amando y procurando al otro. Cuando esto se hace una forma de vida y evitamos los pensamientos ilusorios y las emociones que conllevan, se minimizan las distorsiones del “yo ideal”, vive uno mejor y los otros también.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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