25 de Septiembre de 2018

Yucatán

Ataque de nahual hace 'famoso' en EU a expolicía de Yucatán

La historia de Juan ha comenzado a dar la vuelta en internet, gracias a la publicación de SIPSE.com.

Retrato hablado de la espeluznante escena en que vieron el perro en la ventana. (Jorge Moreno/SIPSE)
Retrato hablado de la espeluznante escena en que vieron el perro en la ventana. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Hace poco más de un año, publicamos en exclusiva en esta sección el caso de Juan, el policía de la Secretaría de Seguridad Pública (antes Secretaría de Protección y Vialidad), que renunció al tener una terrible experiencia paranormal, ya que fue atacado por un nahual.

Gracias a la magia del internet, el caso traspasó fronteras y el expolicía se ha vuelto “famoso”, debido a que el caso no sólo se ha presentado en programas a nivel nacional, sino también en Estados Unidos.

Los productores del programa Buenos días, Miami se enteraron de este caso a través del portal de noticias sipse.com, y de esta forma se comunicaron con Juan para hacerle una entrevista telefónica y una invitación futura para platicar sobre este caso, que sin duda fue de llamar la atención.

De hecho, fue tal el impacto de este caso, que en días pasados el conocido programa de radio “La Mano Peluda”, que se transmite en toda la República Mexicana y en más de 40 ciudades de Estados Unidos, me contactó para hacer un enlace telefónico para dar más detalles de este caso, el cual se ha vuelto viral en varias páginas de internet, a raíz de que lo dieran a conocer sipse.com.

Productores del programa 'Buenos días, Miami' buscaron al exagente de la Policía de Yucatán para que contara su historia

El caso de Juan inició hace 33 años, cuando era patrullero de la entonces DPV (Departamento de Protección y Vialidad de Yucatán) y de pronto recibió por la radio un llamado para que acudiera a una casa ubicada en el sur de la ciudad, pues al parecer había un pleito familiar y los vecinos lo habían reportado.

Cuando llegaron, la nuera de la familia, que estaba en la calle, desesperada les pedía a los policías que entraran a contener a su suegro, quien atacaba a golpes ¡a su propio hijo! No estaba drogado ni tomado, pero tenía una fuerza descomunal; de hecho, tuvieron que llamar refuerzos y entre seis antimotines, a duras penas, lograron sujetar al señor, quien era de complexión delgada, lo que sorprendía aún más a todos los presentes. ¿De dónde sacaba tanta fuerza?, se preguntaban.

“Parecía poseído por el demonio”, dijeron algunos de los policías en el reporte; cuando lo iban a subir a la camioneta, de pronto, de forma intempestiva, el señor miró fijamente al policía protagonista de esta crónica y le gritó con palabras que nadie entendió una especie de maldición (eso supusieron todos), y lo único que dijo en español al final fue: “Te arrepentirás por mil años de haberme tocado”.

Luego de este incidente, con el transcurso de las siguientes semanas ya nada fue igual para ese policía, al principio algunos pensaron que se sugestionó, pero lo cierto es que en menos de un mes perdió 11 kilos de peso, no dormía y por las noches cuando finalmente conciliaba el sueño se levantaba gritando que un perro enorme estaba en el cuarto viéndolo fijamente con ojos rojos.

Su esposa, al despertar de inmediato no veía nada (los doctores no detectaban ninguna enfermedad, y el psicólogo sólo le dijo que era estrés postraumático debido a la experiencia que tuvo).

A los pocos días se dio de baja, no buscó otro trabajo, permanecía en su casa, en su cama, tapado, no quería ni descubrirse el rostro, pues decía que “él” lo podía ver… Sus papás lo llevaron con tres brujos y todos coincidieron: tenía metido al demonio, “alguien” lo había maldecido. Aseguraban que había sido propiciado por aquel señor poseído, pero no lograban curarlo.

Cansados de que nadie podía ayudarlos, la hija mayor y la esposa decidieron averiguar la dirección de aquel señor, y fueron a suplicarle que volviera a la normalidad a “Juan”, que ya parecía muerto en vida con sus ojeras y todo el peso que había perdido; sin embargo, éste negó todo, dijo que no sabía ni recordaba qué había pasado y, en forma grosera, les pidió que se fueran.

La 'tragedia' de Juan, un policía de Yucatán, empezó cuando detuvo a una persona que lo maldijo en un lenguaje que nadie indentificó

Esa misma noche escucharon gritos en el cuarto y cuando entraron a ver qué pasaba vieron el enorme perro negro del cual les había hablado “Juan”, pero que nadie había visto antes. El can les miró fijamente, ellas estaban paralizadas de terror y a los pocos segundos dio un salto enorme hacia la ventana para irse de ahí…

Fue un milagro lo que ocurrió en las siguientes semanas, la víctima recobró el apetito, dejó de temblar y sentir miedo, poco a poco recuperó su peso, empezó a comportarse de forma normal y en menos de 15 días se podría decir que ya era el de siempre. En poco tiempo se consiguió otro trabajo y parecía no recordar nada, o quizás prefería no recordarlo.

¿Quién era ese enorme perro negro? ¿Por qué estaba en esa habitación? ¿Realmente le lanzaron una maldición a ese policía aquel día? ¿Cómo fue que se pudo recuperar? Durante la investigación obtuve respuestas a las cuatro interrogantes.

El enorme perro negro no era aquel señor del pleito, ¡era el hijo!, esa noche había llegado a los golpes con su papá porque este último había descubierto que era un hechicero y practicaba la magia negra desde hacía años.

Cuando llegaron los policías a tratar de separarlos, por alguna razón (quizás fue al azar), el hijo escogió a Juan para “absorberle” la energía, por ello a partir de ese momento, todas las noches acudía a su domicilio en forma de perro negro para trabajarlo y lograr su objetivo.

Cuando el señor se enteró de que su hijo era el causante de esto, decidió ayudar al policía, quizás conmovido por las súplicas de madre e hija, por lo que mandó a su vástago (con quien se había reconciliado a pesar de que continuaba practicando la hechicería) y éste le “nulificó” el embrujo.

Adrede permitió a las señoras que lo vieran en la habitación en forma de perro para que ellas de cierta forma creyeran en la veracidad de los nahuales, nombre de estos hechiceros veracruzanos.

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