23 de Junio de 2018

Yucatán

Ayudar es el motor de mi vida: Elsie Cisneros de Seguí

Fundadora de Construyendo Sonrisas, hoy es Presidenta Honoraria y Vitalicia, vendiendo "donas y boletos de rifas cuando hay que hacerlo"

Su labor por el prójimo le ha valido recibir múltiples reconocimientos. (Christian Ayala/Milenio Novedades)
Su labor por el prójimo le ha valido recibir múltiples reconocimientos. (Christian Ayala/Milenio Novedades)
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Cecilia Ricárdez/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- Entre libros, reconocimientos, medallas y fotografías de su gran familia, Elsie Cisneros de Seguí toma una silla y se sienta, luego apoya sus brazos en el escritorio y comienza a navegar en su memoria para compartir su historia.

Estudió hasta la academia de secretarias, donde conoció al amor de su vida, Antonio Seguí Moguel (q.e.p.d), pero su carrera alcanzó los niveles más altos de preparación; se convirtió en una profesional de la gestión de recursos, organización de eventos, administración de empresas, promoción altruista, recursos humanos y materiales, manejo de personal, y otros aspectos propios de su trabajo como fundadora y presidenta del Patronato Peninsular Pro Niños A. C., también conocido como “Construyendo Sonrisas”.

A sus 85 años, Elsie Cisneros es Presidenta Honoraria Vitalicia de dicha organización, y en amena charla recuerda cómo se embarcó en esta aventura, sin pretextos por sus ocupaciones como madre de seis hijos, y con el único deseo de ayudar; una práctica que, afirma, la mantiene activa y joven.

Rompiendo la barrera de los prejuicios, el desconocimiento del tema de la discapacidad y la educación especial, Elsie encabezó en Yucatán un importante movimiento social; con amigas y familiares buscó la forma de obtener recursos y fundar el primer centro de atención de ayuda a familias de bajos recursos que necesitaran terapias especiales para sus hijos.

Eran los años 60, época en la que el tema de la discapacidad estaba “en pañales”, cuando su causa comenzó a tomar fuerza. Elsie, acompañada de su grupo, acudía entonces a los actos públicos de autoridades de todos los niveles de gobierno para montar protestas y pedir apoyos.

Sus esfuerzos rindieron fruto, y logró que trajeran a Mérida a especialistas que ofrecían consultas gratuitas; hoy en día, el Patronato es una institución de prestigio y con un equipo de profesionales a disposición de los niños con alguna discapacidad intelectual. Además, el grupo liderado por Elsie fue punta de lanza en el tema, incluso precursor de la Ley para la Integración de Personas con Discapacidad del Estado de Yucatán.

La génesis de su obra

Todo inició por la necesidad de una persona que apoyara a doña Elsie en la costura de ropa de sus hijos, porque ella no se daba abasto. De esta manera contactó a una señora, y cuando la fue a visitar entró a su casa de piso de tierra y la halló sentada con su máquina de coser, mientras que a su lado estaba una niña con la boquita abierta, los ojos rasgados y la mirada perdida... 

“Nunca había visto nada así, me impresionó. Cuando pregunté qué tenía, su madre me dijo que estaba enfermita”, relató. Desde ese momento comenzó a informarse sobre la educación especial, la discapacidad, el síndrome de Down… y ayudó a esta familia llevándola a todos los médicos necesarios.

Se dio cuenta de que la gente con alto nivel económico trataba a sus hijos con estas características, en la Ciudad de México, mientras que las personas que no podían viajar hasta allá se resignaban a tenerlos en casa, sin oportunidades de acceder a terapias.

Poco tiempo después, una señora tocó a su puerta pidiendo caridad con sus tres hijos colgando de su falda y, en la mano, una lista de requerimientos de la Escuela de Educación Especial Yucatán a la que asistía uno de sus niños.

Le dio un documento con la dirección del lugar, y al día siguiente Elsie visitó la institución; llegó para ofrecer una beca al niño que había ido a su casa. Con desánimo, se dio cuenta de que el pequeño no estaba en la lista.

Decidió retirarse, pero la encargada la convenció de canalizar sus recursos a otros pequeños, porque había muchos en esa condición.  Se emocionó con la idea, y en vez de uno, apoyó a cinco alumnos. Motivada por la oportunidad de ayudar, “enganchó” a sus amigas cercanas, sobrinas y hasta su esposo; así, en poco tiempo, nació el grupo que se convertiría en Patronato. 

“Lo más difícil de la labor altruista es trabajar duro sin recibir más pago que la satisfacción de ayudar”

Avanzando contra el viento

“El Patronato es obra de la Misericordia de Dios, Él puso la semillita en mis manos y yo no la tiré, sino la sembré, la regué con amor y hoy es un árbol fuerte que da frutos”, comenta Elsie al ofrecer un balance de lo que hoy significa aquella primera idea.

“Lo más difícil de la labor altruista es trabajar duro sin recibir más pago que la satisfacción de ayudar”. Esta premisa fue la base de todos sus esfuerzos; de esa manera, todas las integrantes olvidaron sus prejuicios y pasaron de tímidas gestoras a “pedilonas profesionales y las mejores empresarias”, cuenta.

Para mantener el proyecto comenzaron a organizar eventos sociales, como el juego de canasta panamericana, en la que convocaban a sus amigos a divertirse y aportar. Fueron las primeras en el Estado en hacer los tradicionales bailes precarnavalescos, los cuales efectuaron durante 27 años, así como kermeses y cualquier actividad que generara recursos.

Elsie recuerda que vivieron tragos amargos con gobiernos que fueron duros para ceder, aunque gracias a su tenacidad lograron doblegar los corazones más áridos y conseguir la donación de tres hectáreas del terreno donde hoy está erigido el Patronato. 

Su retiro del proyecto

Elsie estaba convencida que estaría al frente del Patronato hasta el último de sus días, pero su cuerpo le tenía reservado otro destino. A los 70 años le diagnosticaron pequeños infartos cerebrales que la llevaron a tomar la decisión de dejar la presidencia de la organización; necesitaba tener una vida más tranquila y dedicada a su familia.

“Al principio, me sentí mal por dejar la directiva de repente, pero creo fue lo mejor, ellas tomaron las riendas y hacen un trabajo excelente, luchan organizando eventos de gran escala”, apunta, y hace una mención especial a la actual presidenta Claudina Vales de Montalvo.

“Yo las contemplo agradecida a Dios, oro para que no desmayen, puesto que la institución, hoy como ayer, no genera recursos para sostenerse, y bueno, ellas me han dado el honroso cargo de Presidenta Honoraria y Vitalicia, eso quiere decir que vendo donas y boletos de rifas cuando hay que hacerlo” (risas).

Entre libros, reconocimientos, medallas y fotografías de su gran familia, Elsie Cisneros de Seguí da por terminada la charla, se levanta de su silla y nos regala un recorrido por su casa llena de recuerdos, souvenirs de sus viajes y una fascinante historia.

Perfil

  • Elsie Cisneros Mézquita de Seguí nació el 14 de octubre de 1928, en Mérida, Yucatán.

  • Familia: Se casó con Antonio Seguí Moguel (q.e.p.d.) y sus hijos son: Enna Leticia, Antonio Manuel, Alejandro José, María Verónica, Rodrigo de Jesús y Gerardo José Seguí Cisneros. 

  • Trayectoria: En 1982 fundó la agrupación Patronato Peninsular Pro Niño Down A. C, que en 1994 se nombró Patronato Peninsular Pro Niño con Deficiencia Mental.

  • Reconomientos: Recibió la Medalla del Corazón de Oro entregada por la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (AMMJE).

  • Obtuvo el Reconocimiento de Ciudadano Distinguido por la Asociación Amigos de la Trova.

  • Le fue entregado el Premio Sol por la Asociación Nacional pro Superación Personal A. C.

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