21 de Septiembre de 2018

Opinión

Mi primera vez con Evelia

Al llegar al colorido mercado municipal 20 de Noviembre de la ciudad, lo primero que vi era un mar de gente esperando comer el platillo más cotizado de Motul...

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Bitácoras de viaje por Alejandro Gómez 

Antes de comenzar a viajar con la intención de poder documentar todo lo que un turista puede hacer en determinado lugar, visitaba diferentes sitios sin buscar lo tradicional o lo que realmente vale la pena compartir y que los vecinos de alguna comunidad siempre te sugieren.

Comento esto porque, en una de mis primeras visitas al municipio de Motul, me dispuse a probar los famosos huevos motuleños; sin embargo, muchos me habían recomendado que si lo hacía tenían que ser “los de Evelia”. Para ser sincero no le di mucha importancia, pues dije: huevo es huevo.

Al llegar al colorido mercado municipal 20 de Noviembre de la ciudad, lo primero que vi era un mar de gente esperando una mesa para comer el platillo más cotizado del lugar, pero, con lo abusado que soy, logré ver una mesa en el rincón de un restaurante, el cual no tenía muchos comensales, comí y como siempre califiqué el platillo, la verdad nada del otro mundo.

Pasaron algunos meses y regresé a ese mismo mercado amarillo de Motul, recuerdo que eran las 8 de la mañana aproximadamente y, como en aquella ocasión, había mucha gente, pero esta vez decidí esperar una mesa con Evelia; digo, ya era hora de probar su platillo.

Después de varios minutos llegaron esos dos huevos con todos y cada uno de los ingredientes que lleva un buen huevo motuleño, sin olvidar ese delicioso pan francés dorado, aplastado y caliente que te dan para hacer "chuk" en el plato y no dejar ni una brizna sin saborear.

Declaro que mi primera vez con Evelia fue la más deliciosa; desde ese momento entendí el porqué de su éxito. No dudé en compartirlo en mis redes sociales, porque en verdad había sido un platillo totalmente diferente de los que había probado en otros lugares. Desde ese día se ha vuelto casi obligación comer con Evelia cada vez que paso por Motul, el paladar lo agradece.

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