22 de Julio de 2018

Yucatán

Cuando una ola rosa recorre los caminos de Yucatán

Cada domingo, un grupo de mujeres de diversas partes del país y del mundo comparten una aventura en bicicleta.

El colectivo de mujeres Byseacle no tiene miedo de rebasar los "límites" de la ciudad. (Milenio Novedades)
El colectivo de mujeres Byseacle no tiene miedo de rebasar los "límites" de la ciudad. (Milenio Novedades)
Compartir en Facebook Cuando una ola rosa recorre los caminos de YucatánCompartir en Twiiter Cuando una ola rosa recorre los caminos de Yucatán

Luis Pérez/SIPSE
MÉRIDA, Yucatán.- “Byseacle” es el nombre de un grupo de mujeres que cada domingo ruedan con sus bicicletas por las carreteras del Estado. 

Hay varios colectivos de este tipo que circulan un día a la semana por la ciudad, pero sólo uno está integrado exclusivamente por mujeres, sin miedo a rebasar los “límites” de Mérida.

Usan un jersey rosa bugambilia y pants negros como uniforme y han formado su red en Facebook. 

El pasado domingo 6 de abril, como una excepción, aceptaron la compañía varonil, la del reportero que plasmó con gráficas un recorrido que tuvo como punto de partida el parque principal de Chablekal.

Más que un medio de transporte que nos lleva de aquí para allá con nuestro propio esfuerzo, la bicicleta es una estructura de las alas de la mujer contemporánea, capaces de generar vuelos que liberan, independizan y realizan sueños con las ruedas bien puestas en la tierra.

Caty Franco se encarga de dar las últimas indicaciones, los detalles de la ruta y las medidas de seguridad a respetar. Es una ciclista experimentada; ha recorrido muchos kilómetros en diferentes países, amante del ejercicio y la vida al aire libre. Es la encargada de unir y organizar a este grupo de viajeras semana tras semana.

El uso de la bicicleta tiene diversas ventajas sobre otros transportes, como es el beneficio a la salud, al realizarse activación física

Entre ellas hay arquitectas, profesoras, amas de casa… Y son de diferentes nacionalidades; por ejemplo, Claudia, de Argentina; Katarina, de Austria, o Yunni, de Cuba, esta última repara una llanta ponchada en sólo tres minutos y ha salvado a más de una con sus conocimientos de mecánica. Entre las nacionales, hay oriundas de Nuevo León, Baja California y el Distrito Federal.

Ese domingo, 14 féminas esperaban entusiasmadas y listas en sus bicicletas, 12 del grupo original y dos que se integraron por primera vez en la rodada. La temperatura era cálida, poco a poco iba muriendo el rocío y comenzaba el calor implacable.

A los cinco kilómetros, una primera parada, en Conkal. Todas aún llenas energía. Las dos nuevas integrantes se rezagaron; pagaron su novatez con bicicletas inadecuadas para este tipo de ruta. Caty fue directa y les mencionó que si querían regresar podían hacerlo allí o en el momento que quisieran.

Cada quien es responsable de regresar en cualquier momento, pero llama la atención la solidaridad: se ayudan a reparar los desperfectos, comparten refacciones, agua, y mantienen una buena energía, haciendo la ruta más ligera y divertida. A diferencia de los grupos varoniles, aquí no flota la atmósfera de competencia.

Durante el trayecto fue común cruzar con otros ciclistas, hombres en su mayoría, quienes se extrañaban al ver la “ola rosa”, como una parvada de flamencos volando en libertad sobre dos ruedas.

Esta ruta campestre a Mocochá era recta; cada pedaleada más pesada y caliente. La mayoría continuaba con buen ritmo y mejor ánimo. Algunas esporádicamente quedaban atrás y tomaban aire, pero no paraban.

En el camino la mente da vueltas, es una actividad que permite pensar y ver desde muchos ángulos cualquier cosa que pretendamos resolver en nuestro interior; a pesar de andar en grupo es un acto individual del cuerpo, el corazón y la mente; esta vez decidieron recorrer 35 kilómetros de trayecto de ida y vuelta, una ruta “cortita”. 

Disfrutamos como nunca llegar a Baca. Paramos en un pequeño local donde una señora ofrecía jugo de naranja, fresa y kiwi recién hecho, así de excéntrico y delicioso fue el momento en ese poblado. 

El regreso pareció más corto, a pesar de que la llanta trasera de mi bicicleta se iba desinflando, tuve que parar en cada poblado. Completé el recorrido gracias a la buena energía del grupo, una “ola rosa” que me ofreció su apoyo y cuya compañía fue siempre reconfortante. 

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios