20 de Enero de 2018

Yucatán

Cada 7 años 'curan' el cementerio de Ticul

Cuentan que 4 brujos maldijeron el camposanto para matar a una hechicera, pero sólo consiguieron envenenar el panteón.

Fachada del panteón de la ciudad de Ticul. (Jorge Moreno/SIPSE)
Fachada del panteón de la ciudad de Ticul. (Jorge Moreno/SIPSE)
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Jorge Moreno/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- Cuenta la leyenda que hace muchos años vivió en el pueblo de Ticul (hoy tiene el rango de ciudad) una hechicera muy poderosa, que para hacer sus embrujos acudía con frecuencia al panteón de esa localidad, así como a los de pueblos cercanos para orar, obtener tierra negra "trabajada" y la esencia de los espíritus que por ahí rondaban.

En ese entonces había mucha envidia entre la gente que hacía la magia negra, en especial contra la hechicera ticuleña, pues decían que no respetaba las leyes sagradas y no era digna de ejercer los dones que tenía.

Fue así que varios de sus "compañeros" decidieron ponerle un alto definitivo, y la única forma era asesinándola... Entre todos hicieron un poderoso encantamiento con el cual moriría en el interior del panteón de Ticul, pues, según dijeron, al momento en que ella tocara la tierra que trabajaba, caería fulminada, cosa que en efecto sucedió.

Cuatro brujos, que se encontraban vigilando lo que ocurría, se pusieron eufóricos, pues al fin se habían deshecho de su rival y fueron a darle aviso a sus otros compañeros. Con lo que no contaban era que la bruja era muy astuta y en realidad no había muerto, sólo fingía. Quiso tomar venganza de lo que le habían hecho pues había descubierto la emboscada.

Y así, poco a poco, los hechiceros de la región fueron muriendo de la forma más cruel, a manos de quien iba a ser su víctima. Los que no fallecían, perdían sus poderes y dejaban de ejercer la brujería, así que se dedicaban a otras cosas.

Próxima 'limpia' en 2016

Sin embargo, ella sabia que tarde o temprano surgiría alguien con más poder y decidió irse de Ticul, a un pueblo lejano donde nadie la conociera.

Se dice que a partir de ese momento, toda la tierra del panteón de Ticul se secó, los árboles de los alrededores empezaron a morir, y un extraño ambiente vivían los pobladores cuando acudían a ver sus difuntos, pues decían que casi no se podía respirar y el ambiente se sentía muy pesado.

Fue necesario llevar a Hmenes para que purificaran el lugar y lo santiguaran, ya que de lo contrario cosas malas podrían suceder. Se dice que esto se tiene que hacer cada siete años, ya que, de lo contrario, los árboles se secarán de nuevo y una plaga o una tragedia desencadenará la maldición, propiciando la muerte de mucha gente inocente que vive en los alrededores.

Un antiguo velador, que trabajó en el camposanto hace muchos años, señala que en dos ocasiones vio a los curanderos entrar y santiguar el cementerio, y al parecer, esto se continúa haciendo, la última vez fue en el año 2009, por lo que en el 2016 se deberá hacer de nuevo esa ceremonia.

Lo interesante del asunto es que algunos presidentes municipales, enterados de esto, han permitido a lo largo de la historia que este ritual se realice, cediendo el permiso e incluso apoyando con lo que se necesite.

Aunque, a final de cuentas, el permiso es lo de menos. Los brujos que velan por la seguridad de su trabajo y de su pueblo lo han hecho y lo seguirán haciendo aún sin permiso “oficial”.

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