17 de Noviembre de 2018

Yucatán

Siente mariposas en el estómago… cuando ayuda

María Jesús Ocaña Dorantes fue a rescatar a un bebé abandonado y ahí nació su amor por el altruismo.

María de Jesús Ocaña Dorantes, fundadora de Casa Crisal, durante su tercer informe de actividades, en la Universidad Marista, en octubre de 2012. (SIPSE)
María de Jesús Ocaña Dorantes, fundadora de Casa Crisal, durante su tercer informe de actividades, en la Universidad Marista, en octubre de 2012. (SIPSE)
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Coral Díaz/SIPSE
MÉRIDA, Yuc.- La crisálida es la fase intermedia de la metamorfosis en la que una oruga se convierte en mariposa, y de esta maravilla que sólo la naturaleza puede crear, nace Casa Crisal, proyecto elaborado y consolidado por María Jesús Ocaña Dorantes para ayudar a niñas víctimas de abuso sexual.

Esta mujer luchadora social estudió la Licenciatura en Derecho y tiene especialización en docencia en la Facultad de Educación de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady) y la Maestría en Educación en la Escuela Normal Superior de Yucatán.

Su amor por la docencia la llevó a escalar peldaños en el sistema educativo, donde fue subdirectora de la Licenciatura de Derecho de la Universidad Mesoamericana de San Agustín (UMSA) durante varios años.

Pero su pasión por la lucha social la ha llevado a proponer el programa de Derechos Humanos a nivel licenciatura, el cual casi todas las escuelas en Derecho ya aplican, una de sus grandes satisfacciones; incluso, su nombre sonó para presidir la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán (Codhey).

El sueño hecho realidad

Hace más de 20 años María Jesús combinó sus estudios con la cátedra y el trabajo con adolescentes, y es que su destino estaba definido: una amiga le ofreció que cubriera su puesto en la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia (Prodemefa) y ahí empezó su recorrido: inició su conocimiento, a fondo, de la realidad de los jóvenes y desde entonces trató de hacer eco en ellos de manera positiva.

“Cuando trabajaba en la Prodemefa me tocó ir a buscar a dos bebés recién nacidos que dejaron tirados en la carretera Motul a Mérida; cuando llegamos, uno había fallecido y al otro me tocó trasladarlo.

Ha sido el viaje más largo de mi vida, porque sólo quería que el bebé estuviera bien, y así fue. Al realizar la investigación encontramos que la mamá tenía 14 años, la misma edad que mis alumnas, pero sin las posibilidades de salir adelante, víctima de abuso, y nadie la había atendido”, sin duda, ese capítulo le marcó para enfocarse en Casa Crisal.

Desde ese momento, comenta, comencé a idear la forma de crear un lugar seguro para las adolescentes que habían sufrido abuso. “En mi camino encontré asociaciones que atendían a jóvenes embarazadas únicamente, y a quienes eran abusadas (sic) las mandaban al Hospital Psiquiátrico o a menores infractores; ninguno de los dos sitios era un lugar apropiado, y era terrible que regresaran a su casa, porque en la mayoría de los casos son los padres los que abusan de ellas”.

Entonces, al estudiar su maestría, presentó una propuesta para crear una escuela-hogar para adolescentes con estas características; “mi sorpresa fue que el Estado no podía hacerse responsable, se necesitaba de un particular. Aquí estoy, lo inicié y lo realicé, y hoy Casa Crisal está de pie”.

Este sueño hecho realidad es un refugio donde niñas de entre nueve y 17 años reciben un tratamiento integral después de haber vivido casos de violencia física, emocional o sexual, siempre en pos de su  reinserción a la sociedad. 

El camino recorrido y grandes amigos

Antes de llegar a ese momento, donde la ilusión se convirtió en magia real, María Jesús Ocaña Dorantes se encontró en el andar con algunos profesionistas que ya habían emprendido acciones similares en diferentes áreas, de los que sólo recuerda con entusiasmo que la orientaron y le tendieron la mano.
“En ese recorrido tengo la gran fortuna de toparme con la hoy fiscal Celia Rivas Rodríguez, quien tiene un gran sentido humanitario, y al presentarle el proyecto ve la necesidad que existía y me brinda todo su apoyo para darle el impulso que nos tiene aquí, con cuatro años de trabajo para octubre.
Mucha gente me ha dicho que hemos caminado muy rápido, pero realmente el proyecto ahí estaba desde hace años, hacía falta prender el fuego”, destaca con orgullo.

Los frutos y el próximo sueño

Tras empezar con sus actividades, se realizó para la proyección de “Casa Crisal” un estudio de factibilidad a corto, mediano y largo plazo; en cuatro años pensaban atender un máximo de 30 niñas, pero a la fecha llevan 60, es decir, se duplicó, y de éstas el 70 por ciento ha sido reinsertada a la sociedad; algunas fueron adoptadas, a pesar de que tienen 16 años, y otras en familia de la propia red.
La labor de María Jesús, quien tiene el apoyo de un gran equipo de trabajo, ha generado que estas menores se integren también a la escuela y tengan mejores oportunidades de vida, “esta es parte de nuestra labor que hoy nos llena de alegría”.
Es un trabajo arduo, de todos los días, dice, ya que se realizan actividades para recaudar fondos, para pagar el segundo terreno que les dieron a mitad de precio, ya que el primero fue donado. Con ello, iniciará la construcción de un hogar propio para atender a más adolescentes, el próximo sueño.
“Actualmente, la casa es prestada, de lo cual estamos muy contentos, porque no cualquiera te da un lugar sin pedir nada a cambio; también recibimos apoyo de otras asociaciones que nos brindan alimentos y otros nos ofrecen paseos para las niñas”, señala.
No obstante, la casa requiere unos 90 mil pesos al mes y el Gobierno los apoya con 30 mil, lo demás lo deben conseguir; además, tienen el nuevo proyecto de la construcción de una casa propia.
“No me interesa que mi nombre salga a la luz, sino que Casa Crisal lo haga, y que se reconozca que funciona, que cada vez más niñas tengan un hogar, que recuperen su vida, ése es el premio”, destaca.

La familia

Con lágrimas en el rostro, María Jesús señala que la familia ha crecido, y explica que está dividida en tres:
Por una parte, sus orígenes, que son sus papás ya fallecidos y sus cinco hermanos; la segunda es la que tiene la oportunidad de formar con su esposo, al cual refiere como un gran hombre y se queda sin palabras, y sus hijos, los cuales son un gran regalo de Dios. 

“Mi otra familia son estas 60 niñas que han estado en la casa y el equipo de trabajo, ya que juntos hemos luchado para que ellas tengan una vida digna, incluso mis hijos las ven como sus hermanas. No puedo pedir más”, menciona.

El trabajo continúa

El trabajo es primordial para María Jesús, y a la par de su trabajo en Casa Crisal continúa su labor como abogada.
“Nunca lo he dejado, mi área de trabajo siempre ha sido grupos vulnerables… la última fue una niña de cuatro años agredida sexualmente, y la pudimos ayudar”, apunta.

Reflexiona sobre si en algún momento se cansa de cumplir con tantos roles, seguirá haciendo su labor, “creo que hay momentos de angustia en donde piensas tirar la toalla, pero me vienen a la mente los principios de mis padres, de hacer las cosas bien, y lo que ya empecé lo seguiré haciendo con el mismo ímpetu”.

Recuerda que otro de sus sueños es replicar Casa Crisal en otros estados del país, ya que son los únicos en América Latina en brindar apoyo a niñas adolescentes.

Otros anhelos son tener un vehículo en donde se pueda rescatar a la víctima de violencia y tener lo necesario para hacer una intervención en crisis y salvar su declaración, ya que son 60 casos de Casa Crisal atendidos, y sólo tres abusadores están en la cárcel.

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