19 de Noviembre de 2018

Opinión

Chaj Chaj: mitad mujer, mitad serpiente

Hace algunos meses fui comisionado por la Coordinación Nacional de Arqueología...

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Hace algunos meses fui comisionado por la Coordinación Nacional de Arqueología para evaluar los daños del reciente temblor en el Estado de Chiapas. Uno de los sitios inspeccionados fue Chinkultik, localizado a unos 55 kilómetros del poblado de Comitán. La palabra Chinkultik significa cenote escalonado o camino de enanos. Este asentamiento maya fue ocupado entre los años 50 aC y 350 dC, pero el apogeo de la ciudad ocurrió entre los años 600 y 900 dC.

Al norte del asentamiento se encuentra el cenote denominado “Agua Azul”, en donde se recuperaron objetos de cerámica, jade, copal, piedra verde hacas, navajas de obsidiana y restos óseos. Al noreste se halla la laguna Chanijabab y al noroeste la de Tepancuapan.

Es oportuno señalar que este asentamiento no está al cuidado de custodios del INAH, pues a partir de un conflicto la población expulsó al personal del Instituto y el Ayuntamiento se ha hecho cargo desde entonces del cuidado y la limpieza. A decir verdad, los pobladores se sienten hoy orgullosos de cuidar el asentamiento maya. 

En una interesante plática con el personal de custodia, nos dijo que no sólo se sienten orgullosos de cuidar el patrimonio, sino también preocupados por mantenerlo siempre limpio y bien cuidado.

Nos comentan que, según relatos antiguos, en una gran piedra que se encuentra en el cenote Chaj Chaj hay una mujer con cuerpo de serpiente que es la dueña del sitio y que protege el agua. Se trata de una princesa que se adueñó de la laguna y que se quedó al cuidado para que no haya sequía y evitar que se seque el depósito. Los abuelos que tuvieron la oportunidad de verla, mencionan que es mitad mujer y mitad culebra y que en ciertas ocasiones salía a asolearse en la inmensa piedra que se encuentra en la orilla de la laguna. Señalan que la mitad mujer tenía como dos metros de altura y el resto del cuerpo era de una serpiente y que salía a asolearse cada vez que había sequía y a eso se debe que se le llamara Chaj Chaj.

Es interesante cómo a partir de esta primera visita podemos recuperar parte de estas leyendas de la comunidad nativa y, por otro lado, constatar cómo la población misma se hace cargo de la limpieza y el cuidado de la zona arqueológica.

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