14 de Noviembre de 2018

Yucatán

Encuentran el sustento familiar en la chatarra

En Mérida operan por lo menos 15 negocios que se dedican a la compra y venta de residuos de hierro, y en cada uno laboran en promedio cinco personas.

Quienes se dedican a la compra y venta de chatarra aseguran que es un negocio rentable. (Milenio Novedades)
Quienes se dedican a la compra y venta de chatarra aseguran que es un negocio rentable. (Milenio Novedades)
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Katia Leyva/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- Montañas de piezas de metal, latas de zinc, carrocerías de vehículos que cumplieron su vida útil, partes de bicicletas, cocinas, refrigeradores y diversos artículos de hierro que reposan en terrenos baldíos se convierten en el sustento económico de decenas de familias que transcurren su día en medio de la chatarra.

En Mérida existen por lo menos 15 negocios que se dedican a la compra y venta de chatarra o residuos de hierro que se volvieron inservibles. En cada uno labora un promedio de cinco personas, quienes separan el material, pues a estos lugares también llegan artículos de cobre, aluminio y baterías de carros, etc.

Estos negocios compran la chatarra a un precio de entre 20 y 120 pesos el kilogramo, dependiendo del tipo de material y lo venden en 50 ó 100 pesos más a fábricas nacionales que procesan el hierro para convertirlo en materiales como acero. Cada mes se vende un promedio de 80 toneladas de diferentes materiales.

Mercedes Guzmán Chan es propietaria de un negocio familiar que nació hace ocho años, en el cual se encargan de “recuperar” objetos. “El negocio es rentable para vivir”, asegura y calcula que venden un promedio de 30 toneladas de chatarra por mes.

“Casi el 80 por ciento de nuestros clientes son personas de la tercera edad que desde muy temprano vienen a vender en su triciclo o a pie la chatarra que acumularon durante una semana y con ello poder desayunar”, comentó.

Objetos de valor

Precisó que la temporada en la que reciben un mayor número de objetos es cuando termina la época escolar, porque es cuando más jóvenes llevan sus libros y libretas para vender y con ello obtener dinero.

“Es curioso ver cómo familias completas vienen, con el objetivo que los niños comprendan el valor de ganarse un poco de dinero para poderse comprar unos dulces”, agregó.

Según Guzmán, “la chatarra no tiene riesgos de contaminación” y la manipulación de los residuos debe ser con cautela para evitar heridas o cortes.

La chatarra puede ser peligrosa si se la quema a cielo abierto en el proceso de fundición o si los líquidos que contienen objetos como las baterías se derraman.

En estos lugares también se puede adquirir piezas que pueden ser reutilizadas y a menor costo. Comentó que cada vez son más los objetos que se “encuentran” con gran valor histórico, como lo fuera un examen de una primaria de Mérida de hace más de 50 años.

Normas de higiene

Oscar Domínguez Ramírez, dueño de una “recuperadora” con más de 28 años en el giro, comentó que los objetos que mayormente compran son el tipo “ferroso” y que los precios “varían” conforme la bolsa de valores, si sube o baja el precio de los metales “fluctúa”.

“Tubos, placas, vigas, cobre, bronce, aluminio son parte de los materiales que trabajamos y que al mes recolectamos alrededor de 50, una vez que llegan, se transportan a Umán y de ahí a Veracruz”, indicó.

“La chatarra que se consigue aquí se la llevan en tren hasta en Veracruz con rumbo a la fundidora, para convertirla en otros objetos con el líquido, resultado”, detalló.

Son cientos las “recuperadoras” que existen en la ciudad, algunas operan en casa habitación, otras más cuentan con un establecimiento especial, para no perjudicar con la gran cantidad de “desperdicio”, ya que son consideradas “focos” de infección al poseer tanta “basura” acumulada.

Sin embargo, aseguran los dueños de varios de estos establecimientos, que siguen las normas de higiene y salud que están establecidas y que en sus locales cada 15 días se encargan de fumigar y tener bajo “control” toda clase de bacterias, plagas o insectos, que son nocivos para la salud.

Así es como algunos meridanos obtienen un poco de dinero por objetos que en su gran mayoría otros se “deshacen”, una vez que ya no les sirven.

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