12 de Diciembre de 2017

Opinión

Leones tristes

A los dueños de Leones sólo les interesan los "binsnes".

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Las referencias en todos los sentidos de la vida son, por lo general, imborrables, sean buenas, regulares o malas.

Por ejemplo, recién falleció José Luis Cuevas, uno de los grandes artistas plásticos mexicanos, además de sus dotes ególatras y para la literatura. Carlos Monsiváis siempre lo menospreció, sus razones tendría el también fallecido cronista del ex Distrito Federal, pero la referencia que a su paso dejó Cuevas quizá nunca se borrará.

En el ámbito deportivo, El Santo, el famoso enmascarado de plata, dejó huella tras huella a su paso. En un gran referente de la lucha libre nacional y hasta internacional; también conquistó a millones de fanáticos con sus singulares películas donde se enfrenta a vampiros, vampiras, monstruos, momias (no precisamente a Elba Esther Gordillo, la exlíder magisterial que purga bote por corrupta y por justificaciones del sistema político a la mexicana), extraterrestres y cuanto mafioso se le cruzó en el camino. A todos los derrotó a base de fuerza y golpes.

Todos, en sí, dejan una referencia a su paso por la vida o en instantes de ésta, sea cual sea su función. La grandeza o pequeñez no importan, sólo el paso que uno dé en la vida.

Y aunque pueda distar mucho de los anteriores ejemplos, el martes se dio a conocer la transferencia del pelotero de Leones de Yucatán, el dominicano Jesús “Cacao” Valdez, hacia la escuadra norteña Vaqueros de La Laguna. Los aficionados se quedaron atónitos al conocer la noticia que proporcionó la directiva, encabezada por los hermanos Arellano, quienes también son dueños (o casi) de los Vaqueritos.

Vamos por algunas partes. Los carnales Arellano compraron el equipo local en 2015 y entre otros peloteros contrataron a un ilustre desconocido dominicano, precisamente Chucho Valdez. El resultado: la escuadra fracasó a pesar de los millones de pesos invertidos, pero el morenazo fue campeón bateador del torneo con un choncho .380, casi 20 cuadrangulares y sólo dos “pelitos” le faltaron para las 100 carreras empujadas. Se convirtió en un referente de los melenudos a la salida del yucateco Luis Borges y de Fernando “Torito” Valenzuela, uno de sus mejores bateadores de los últimos años. Los cambios, justificaron los dueños del negocio, “para mejorar”.

PRIMERA CAIDA.- Por supuesto, el dinero es de los Arellano y ellos saben cómo invertirlo, pero a Leones los está dejando sin identidad, sin referencia.

SEGUNDA CAIDA.- Cierto, por el momento la escuadra del patio es líder en la zona sur de la LMB, pero el martes dejó triste a la afición: cambió a uno de sus últimos referentes y reactivó al cubano Yuniesky Betancourt que ni siquiera ha jugado 30 partidos debido a respetables problemas familiares.

TERCERA CAIDA.- Sólo conquistando el campeonato podrán salvar esta campaña y justificar tan inexplicable cambio. Algo es cierto: los Arellano no ven referencias, sólo “bisnes”.

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