18 de Junio de 2018

Opinión

Tristísimo caso

Resolver el homicidio del que fue víctima Emma Molina se antoja urgente para el Gobierno.

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El crimen de Emma Gabriela Molina Canto, conocida por su lucha ejemplar para recuperar la custodia de sus tres hijos, los cuales le fueron arrebatados violentamente por su ex marido, Martín Alberto Medina Sonda –yucateco avecindado en Tabasco o viceversa-, definitivamente cimbró a determinadas escalas sociales de Mérida por la forma, aparentemente, tan simplona de cómo la ejecutaron porque, en realidad, eso fue lo que sucedió: a cuchillazos, pero la ejecutaron.

Y no sólo la forma en que dos tabasqueños con amplios antecedentes penales la despacharon al otro mundo, sino lo importante aquí es conocer quién o quiénes fueron los autores intelectuales de este asesinato. De entrada, los familiares de la malograda Emma Gabriela apuntan a Medina Sonda, quien al parecer todavía estaría preso en un penal de Tabasco, haciéndole compañía a José Manuel Saiz Pineda, ex secretario de Finanzas (y transas) durante gran parte del gobierno de Andrés Granier Melo, un consumado pillo que, entre sus aficiones, tenía una amplia colección de trajes sastre de marcas inglesas, francesas y hasta de las Islas Fijii, que costaban los dos ojos de la cara -y hasta un “tercero” generalmente oculto- y más de 300 pares de zapatos, al estilo de la filipina Imelda Marcos. O sea, el chiste era gastar en ostentosidad.

Aunque Medina Sonda esté todavía preso en la tierra del famoso “Peje” López Obrador, al parecer todavía movía influencias para mantener intimidada a su ex mujer y, de paso, se llevaba la tranquilidad de sus tres hijos, ahora huérfanos de madre (y hasta de padre). Hasta el momento no se ha vinculado a Medina Sonda con este crimen, pero la “vox populi” ya indica que este siniestro sujeto andaría por ese camino.

Pero mientras se descubre al o a los “cerebros” del asesinato, lo importante es que esta ejecución no quede impune y corresponde a las autoridades de Yucatán darle celeridad a este expediente y no andar de trabas en trabas. Ya tienen a los dos presuntos “sicarios” en el bote y sólo falta hacerlos “cantar” para que suelten melodía de la buena y no de la “pirata” que pueda incriminar a otras partes. Se trata de conocer la verdad y de allí accionar en consecuencia.

PRIMERA CAIDA.- Todavía no me cae el veinte, como se dice popularmente, de que dos trogloditas como los ya detenidos hayan sido contratados para matar a Emma Gabriela, así tan sencillo como entrar a la terraza de su casa, darle de cuchillazos y salir fletados en un taxi. No hubo mayor planeación. Cualquier Zeta los hubiera reprobado por valemadristas.

SEGUNDA CAIDA.- Los familiares de la víctima insisten en que las autoridades no les dieron protección, mientras que aquéllas refutan que nunca la solicitaron. Ya no se trata de entrar en duelo de palabrerías, ahora el objetivo es proteger a la familia y, sobre todo, a los infantes.

TERCERA CAIDA.- Aunque hubo respuesta inmediata de la policía para detener a los asesinos, ¿acaso no cabe el dicho popular de “ahogado el niño, a tapar el pozo”?

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