16 de Noviembre de 2018

Opinión

“El Nazi” y las inspecciones

Hoy, por ley, la Marina y el Ejército están sujetos a la inspección y al escrutinio. Y es saludable porque...

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Un día amanecimos con una noticia en la Compañía de Infantería de Marina No. 4: llegó “El Nazi”. Y con ella, el movimiento en toda la unidad. Cuartel limpio, libretas oficiales al corriente y bien presentadas, armamento y municiones que coincidieran con matrícula y año de fabricación porque, se decía: “El Nazi cuenta cartucho por cartucho”. Una semana o más se la pasaba el veterano capitán de navío de Infantería de Marina Antonio Quezada Romo (de los troperos) inspeccionando nuestra Compañía, por aquellos años 70.

Las inspecciones, entonces, eran muy esporádicas, cada dos, tres años o más. Luego se volvieron anuales y, finalmente, se fijaron dos veces al año, incluso por los propios mandos territoriales. Muchos oficiales y algunos comandantes salieron mal de esas visitas de la Inspección y Contraloría de Marina. Hoy, por ley, hasta la Marina y el Ejército están sujetos a la inspección y al escrutinio. Y es saludable. Veamos por qué.

En febrero pasado, salió a la luz pública un informe de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que reveló que, en 2014, la Secretaría de Marina solicitó al Congreso recursos para adquirir 10 pantallas para sus clubes navales, bajo el procedimiento de invitación a cuando menos tres proveedores, pero que, en realidad, la dependencia compró 86 pantallas con sobreprecio (en promedio cada una por 24 mil pesos), mediante adjudicaciones directas, sin estudios de mercado y dos meses antes de que incluso se formalizaran los pedidos. Hay que recordar que desde su creación, la ASF fue concebida como un órgano auxiliar de la Cámara de Diputados, con el propósito de que los legisladores ejercieran la facultad que les otorga la Constitución para revisar el ejercicio de los recursos públicos de carácter federal.

También reveló la investigación que en el proceso de compra-venta de esos bienes están relacionados ex servidores públicos de la Armada y que por ello inició seis expedientes de investigación para fincar responsabilidades a quienes resulten involucrados. Pienso que una inspección interna hubiera alertado al alto mando naval de esas irregularidades para corregirlas o evitarlas. Meticuloso como era, a “El Nazi” seguro no le hubieran pasado desapercibidas.

Anexo “1”

El “Nazi”, todo un personaje

Como “colonizador de la isla Clarión del archipiélago de las Islas Revillagigedo” señala el informe “La educación Naval en la preparación de los Infantes de Marina” al entonces Teniente de Navío IM, Antonio Quezada Romo, que figuró entre los primeros profesores “dotados de una singular personalidad” del naciente cuerpo de Infantería de Marina, allá por los años 50 (Facebook Marina-Armada de México).

Nosotros lo conocimos ya próximo a retirarse, a mediados de los años 70, con sus sesenta y tantos años. Y sí, era todo un personaje: alto, blanco, ojos azules, pelo cano y escaso, siempre vestido como infante de marina, con casco. Hacía honor a su apodo: “El Nazi”. Café y cigarros Del Prado le eran imprescindibles. En las partidas, decían los compañeros, caminaba por horas sin mostrar fatiga comiendo solo cacahuates. Fracasó en su intento de descubrir agua en Isla Tiburón, Sonora. Los comandantes le guardaban respeto casi devocional. No recuerdo haber sabido de la fecha de su fallecimiento.

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