12 de Diciembre de 2017

Opinión

Gobernadores y militares

Como dijera un presidente, es mejor la sana distancia, sin menoscabo de una relación cordial y empática.

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Con un “¡Joven gobernador!” saludaba el entonces comandante de la Zona Naval de Chetumal al mandatario quintanarroense ahí por el año de 1986, cuando Pedro Joaquín Coldwell, con apenas 35 años, gozaba de la aceptación y simpatía de sus gobernados al final de su sexenio. Las relaciones del mando naval cambiaron diametralmente con su sucesor, Miguel Borge Martín (tío del ex gobernador Roberto Borge), cuya personalidad contrastaba con la del cozumeleño, que no ha dejado los primeros círculos del poder en México y hoy se ostenta como secretario de Energía. Luego vendría el declive en el prestigio de los gobernadores quintanarroenses.

Y es que, antes, el trato de los mandos militares y navales territoriales con presidentes municipales y gobernadores saltaba del plano institucional y, en muchos casos, fueron cercanas y hasta afectivas, lo que permitía a generales y almirantes escalar posiciones políticas vía recomendaciones de los presidentes municipales y gobernadores. De esa forma algunos llegaron a ser alcaldes, senadores, diputados o secretarios de seguridad pública, entre otros cargos.

Hoy, cuando varios gobernadores están procesados y otros son buscados por la justicia, esa “tarjeta de recomendación” se ha devaluado y, en muchos casos, es mejor marcar límites a esas relaciones entre mandos civiles y militares, lo cual se puede hacer sin dejar de estrechar la colaboración institucional en beneficio de la ciudadanía, como se hace hoy en Yucatán y en varios estados.

Sin embargo, lo que a veces percibimos es un exceso en la participación de mandos militares en ceremonias o eventos francamente intrascendentes y donde Ejército y/o Marina no tienen relación alguna, aunque esto puede ser una consigna del Mando Supremo (léase presidente) como una forma de “hacer presencia” ante el pueblo. Este fue el objetivo de que hace algunos años en los muros de los congresos estatales se inscribieron “con letras de oro” los nombres del Ejército y la Armada, con ocasión del centenario de la creación del primero, y de la defensa de Veracruz, del segundo.

Pero, como dijera un presidente, es mejor la sana distancia, sin menoscabo de que se pueda decantar una relación cordial y empática entre autoridades civiles y militares. Y por cierto, aquel comandante de Chetumal fue senador de la República, aunque no sé si por recomendación de Pedro Joaquín.

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