24 de Septiembre de 2018

Opinión

Puntualidad

De la puntualidad se dice que es “deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas”.

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La semana pasada se publicó en la prensa que un funcionario del Reino Unido llegó dos minutos tarde a una cita en la Cámara de los Lores y presentó su renuncia, hecho que confirma aquello de la “puntualidad inglesa” que, por cierto, no es un mito, porque en ese país llegar regularmente tarde al trabajo es un despido asegurado. Los horarios se respetan y se demandan en una sociedad que valora en gran medida el buen funcionamiento de los servicios, como el transporte.

“Durante los cinco años en los que he tenido el privilegio de responder a las preguntas de la legislatura en nombre del gobierno, siempre he creído que debemos elevarnos a los más altos estándares de cortesía y respeto”, dijo un apenado Michel Bates, secretario de Desarrollo Internacional, al presentar su dimisión por llegar ¡dos minutos tarde!

De la puntualidad se dice que es “deber de caballeros, cortesía de reyes, hábito de gente de valor y costumbre de personas bien educadas”. Es condición sine qua non de los militares, ya que el reglamento sanciona con arresto llegar tarde, incluso en los pases de lista estando en el cuartel o en el barco. Pero, ¿cuándo perdimos la puntualidad? Quizá nunca la aprendimos, ni como personas ni como país.

Los mexicanos nos caracterizamos por ser impuntuales. De hecho da una mala impresión quien llega a tiempo al trabajo, a una reunión y no digamos a una fiesta. “A las ocho para comenzar ocho y media o nueve”, solemos decir. Pero esto no es cuestión cultural, sino de educación. Y no somos los únicos.

Hace casi 15 años, Ecuador inició una cruzada nacional para erradicar la “hora ecuatoriana”, una mala costumbre que consistía en empezar los compromisos sociales o particulares al menos 30 minutos o una hora después, demoras que les costaban millones de dólares. ¿Será necesaria una campaña similar en México? Nos parece que no, y tampoco hay que ingresar al Ejército o a la Marina para aprender a ser puntuales.

Lo que sí debemos hacer es inculcar la puntualidad a nuestros hijos, hacerles ver que en ella está imbuido el respeto al tiempo de los demás y al nuestro. Nadie nos enseña a ser impuntuales, pero sí podemos aprender lo contrario.

Alguien dijo que la impuntualidad no es por falta de tiempo, sino por falta de educación.

Por cierto, la primera ministra inglesa Theresa May no aceptó la renuncia de Michael Bates.

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