16 de Octubre de 2018

Opinión

"El encuentro"

Si los panistas no se ponen las pilas para generar una candidatura con posibilidad de ganar, capacidad de gobernar y lealtad, no podrán con los candidatos del PRI.

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La semana pasada ocurrió una de esas cosas típicas del panismo meridano, cuando en el evento “Diálogos con la militancia”, encabezado por Damián Zepeda, secretario general del PAN, el aplausómetro volvió a ser la unidad de medida para las filias y las fobias blanquiazules.

A pesar de que en el formato del evento no se preparó un protocolo de saludo a las autoridades presentes, Raúl Paz presentó al alcalde Mauricio Vila y los aplausos obligaron al dirigente estatal a presentar a los demás líderes como Renán Barrera y Joaquín Díaz Mena, que también fueron aplaudidos. 

En la disputa por la popularidad, quedó claro que Cecilia Patrón Laviada no dejará que el frente Barrera-Paz trate de ocultar que va arriba en las encuestas. Se sabe en el seno del panismo que, en una contienda por la alcaldía, la directora de Desarrollo Social tendría más posibilidades de captar una mejor votación y también la posibilidad de ganar en un frente opositor. A Mauricio Díaz Montalvo, su principal antagonista, se le considera un buen candidato a una diputación.

Se discutió en la reunión panista la necesidad de adhesión del panismo al Frente Amplio Opositor pero que esta adhesión esté abierta a partidos y actores políticos, sociales y académicos.

En el foro panista quedó claro que el cambio en la arena política sólo podrá lograrse sumando fuerzas, principalmente con los ciudadanos, quienes necesitan un gobierno honesto y que dé resultados.

Si el panismo nacional pensó que la Asamblea General del PRI se le iba a descomponer a Peña porque es un “presidente debilitado por su baja popularidad”, como en los mejores tiempos del salinismo los priistas se cuadraron. Se trató de una lección muy clara para quienes todavía el lunes 7 y martes 8 de agosto daban por cierto que, para 2018, sólo los priistas con 10 años de militancia podrían aspirar a la candidatura presidencial. Pero también reveló la capacidad del PRI para revivir una cultura que muchos dieron por muerta: la de la instrucción partidista desde Los Pinos, y la disciplina.

Los resultados demostraron que el presidente Peña tiene el control del PRI y ésa será su ventaja competitiva frente a un panismo que sigue apostando al canibalismo, y a denostar a las mejores figuras que hoy salen a dar la cara por el trabajo de los gobiernos del PAN y no a cosechar lo que muchos otros actores panistas más antiguos han sabido sembrar en la famosísima “brega de eternidad”.

Y si en el seno del panismo no se ponen las pilas para generar una candidatura con posibilidad de ganar, capacidad de gobernar y lealtad, no podrán con los candidatos del PRI. 

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