22 de Septiembre de 2018

Opinión

Progreso (1)

En el municipio de Progreso la hegemonía del PRI era incuestionable, sólo bastaba con nominar al candidato de dicho instituto político para que fuera aceptado.

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En el municipio de Progreso la hegemonía del PRI era incuestionable, sólo bastaba con nominar al candidato de dicho instituto político para que fuera aceptado; en los años ochenta del siglo pasado, el tricolor se distinguía por nombrar a sus candidatos previa consulta a los sectores o con la venia de los grupos políticos fuertes.

Esta forma de elegir a los abanderados en Progreso cambió radicalmente en la última década del siglo pasado, cuando se afianza el liderazgo de Víctor Cervera Pacheco, quien, desde su primer periodo, promovió la construcción del Puerto de Altura e impulsó la economía en la costa yucateca y las pesquerías privadas.

Uno de los empresarios que más destaca es Juan Zacarías. Con el apoyo de Cervera surge Astilleros Mexicanos que construye embarcaciones con cascos de acero. Para poner en marcha ese gran proyecto, el armador recibe un crédito de 2,000 millones de viejos pesos que termina, como muchos otros, en el Fobaproa; esto da como resultado que el poder político y el empresarial empiecen a tener más relevancia en el principal puerto yucateco.

La influencia política y empresarial de Juan Zacarías empieza a expresarse durante la administración de Alfredo Villalobos (1991-1993), quien se ve a obligado a renunciar por presiones y en su lugar, después de muchas negociaciones, entra la Profra. Lourdes Quijano Concha; la candidatura de Villalobos fue producto de una elección interna a que convocó el PRI, su oponente fue Raúl Lara, quien contaba con las simpatías de Juan Zacarías.

El apoyo político y empresarial de Zacarías era determinante para ser alcalde de Progreso y también contaba su veto. Eran tiempos en los que al PRI le funcionó esta fórmula y conservó a Progreso como bastión. Los que llegaron a la alcaldía bajo la tutela del armador son: Luis Sierra (1994-1995), Raúl Lara Caro (1995-1998), Porfirio Trejo Zozaya (1998-2001), José Blanco Pajón (2001-2004), Enrique Magadán Villamil (2004-2007), Reina Quintal Recio (2007-2010) y Daniel Zacarías (2012-2015). La única que no fue a pedir la venia del empresario fue María Esther Alonzo Morales.

Pero mientras el PRI seguía con sus mismas costumbres, en la sociedad de Progreso se acrecentaba el número de ciudadanos con mayor preparación académica, crecía una clase media alta influyente, que empezaba a solicitar más espacios políticos y las voces discordantes comenzaban a sonar; la sociedad cambiaba y el tricolor no.

Grupos económicos empiezan a fomentar otras expresiones, como es el caso de Enrique Magadán, que contaba con el respaldo de su suegro, el empresario pesquero José Alonso Benítez, aunque no significa que no recibiera la venia de Juan Zacarías.

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