10 de Diciembre de 2018

Opinión

Frente acompasado

En el seno del panismo estatal hay una preocupación muy seria por la desidia que se percibe en torno a la conformación del Frente Ciudadano por México.

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Mientras en Mérida se adelantará el Carnaval con la bulla y el jolgorio que armarán los candidatos independientes, en la política local pesa mucho el escenario de las sucesiones. En el seno del panismo estatal hay una preocupación muy seria por la desidia que se percibe en torno a la conformación del Frente Ciudadano por México.

El desinterés de Raúl Paz ha logrado que este Frente se perciba en Yucatán como un grupo acartonado, sin propuestas, sin agenda y sin presencia en los ánimos del votante. En los municipios, la expectativa que esta alianza ha generado es muy pobre y pasa desapercibida porque, a diferencia de lo que pronto veremos en el seno del PRI estatal, no hay signos de un cierre de filas en torno a los prospectos que lanzaría esta alianza.

Lo peor es que en el tema de equidad de género, el PAN tendrá –al igual que el PRI- serias complicaciones para resolver algo que parece no existir en la operación política del panismo estatal.

En agosto de 2015, cuando el alcalde electo Mauricio Vila le alzó la mano a Raúl Paz, muchos se sorprendieron por esa inu-sitada decisión; hoy, a Raúl Paz se le acusa de darle la espalda a sus aliados y poner en riesgo la conformación del Frente y hasta su propio futuro político, ya que, si no se concreta en el Estado, tendrá pocos argumentos para solicitar la candidatura que ambiciona.

La carrera de Paz se vería truncada por segunda ocasión, esta vez no por nada que hizo, sino por lo que no pudo hacer. Gatillazo, le dicen; impotencia.

Se trata de un Frente acompasado, que a nivel nacional está más preocupado por ver cómo evolucionan las aspiraciones de Mancera y Barrales por las candidaturas presidencial y al gobierno de la Ciudad de México y las pretensiones no confesas del dirigente del PAN, Ricardo Anaya, que por lo que ocurre en Yucatán, donde el futuro del panismo parece haberse dejado en otras manos.

Y en este escenario no son de extrañar las continuas quejas de los liderazgos panistas en el interior del Estado, el reparto pacista de candidaturas a diestra y siniestra y la violenta ruptura de acuerdos que ocasionaron, por ejemplo, escenas de película, como la que generó la genuina molestia de Pedro Cohuó Suaste en Tizimín, luego del trato recibido por un Raúl Paz incontrolable.

Dicen que el ex alcalde tizimileño se negó a firmar los acuerdos, montó en su caballo y regresó a su rancho tranquilo, porque hoy no necesita de la política para vivir.

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