14 de Diciembre de 2017

Opinión

La raíz dinámica del comportamiento

Las buenas acciones hablan por sí mismas y sus resultados se multiplican y forman “el bien común”.

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La motivación es el motor que impulsa la vida y las acciones del ser humano.- Angelo Brusco, psicólogo

No basta aparentar ser buena persona, hay que serlo. La sentencia bíblica: “Por sus frutos los conoceréis” es cierta. Las buenas acciones hablan por sí mismas y sus resultados se multiplican y forman “el bien común”.

Ser verdaderamente quien soy; autó[email protected], capaz de poner límites y absolutamente [email protected] a recibir del universo lo que me ofrece y lo que he ganado. Actuar sin “agenda oculta” es un ideal en las relaciones interpersonales, particularmente en las de amistad y amor.

Nuestras acciones son consecuencia de “algo” que nos empuja a determinadas iniciativas dentro o fuera de nuestro ser: un viaje, un razonamiento, un proyecto… se le llama “motivación” y abarca una serie de palabras: intención, deseo, finalidad, interés, móvil, opción, preferencia… Al examinar nuestras motivaciones, unas son altruistas, centradas en el otro, otras están dirigidas a satisfacer nuestras necesidades. Tienen elementos emotivos y racionales. Entre las motivaciones, las más determinantes son las necesidades y los valores.

Las necesidades son “tendencias innatas a la acción, derivadas de un déficit del organismo o de las potencialidades naturales que buscan ser ejercidas”. La necesidad de nutrirnos nos lleva a buscar alimento; la de afirmarnos como personas, a emprender iniciativas para reforzar nuestro yo; la de encontrar un sentido de vida, a una búsqueda interior por medio de la reflexión, el diálogo, la oración, etc. La clasificación de las necesidades más accesible es la de A. Maslow que jerarquiza desde lo indispensable para la conservación hasta las más elevadas, de tipo “espiritual”.

Los valores son realidades ideales que hacen importante y estimable a la persona, el proyecto o la actividad que se practica. Su finalidad es atraer al individuo hacia una determinada meta, orientándolo en su vida. Invitan a crecer.

Al satisfacer nuestras necesidades, siempre se deben tomar en cuenta los valores para disfrutar de plenitud, autoestima, placer, realización personal y de una vida coherente.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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