25 de Septiembre de 2018

Opinión

No es nada... sólo fue una vez

Actualmente, tal parece que los padres cada vez son más complacientes y permisivos con sus hijos.

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Corregir a tiempo a los hijos es como encauzar un río para que no se desborde.- Anónimo

Todo empieza con “la primera vez”. Actualmente, tal parece que los padres cada vez son más complacientes y permisivos con sus hijos. No hay límites que definan con claridad la responsabilidad moral de los muchachos. Ante una falta grave, por sus consecuencias o que pudo tenerlas, dicen: “No fue gran cosa” y, sin embargo, de eso que “no es gran cosa” depende la vida futura de aquel joven. Esas cosas de muchachos a las que los papás, muchas veces, les restan importancia, son como el imperceptible movimiento de la aguja que marca el rumbo de un avión y determina si llega bien, a tiempo y sin desvíos a un buen destino.

Cuando el/la [email protected] toman alcohol, por primera vez, sin responsabilidad o llegan a deshora de lo acordado y esto se pasa por alto sin que tenga consecuencias por el abuso de confianza y falta a su palabra o cuando engañan diciendo que van a una fiesta a casa de un [email protected] y en realidad se escaparon a algún “reventón” sin límite de tragos y hasta donde se ofrecen drogas, los papás se consuelan pensando: “Una vez, es una vez” o “¡qué horror!, es la época que les está tocando vivir”.

No nos engañemos, hay que tomar cartas en el asunto seriamente y sin bajar la guardia. Un hábito se forma a partir de “la primera vez”. Una cadena necesita del primer eslabón. Una vida desordenada comienza con el desorden inicial. Puede pasar que la “travesura” de los 15 años se repita a los 20 y hay quienes a los 40 años y más siguen cometiendo desmanes que los llevan a lo más doloroso, como puede ser acabar con su propia vida.

Hay que tener la valentía del cirujano que, con mano firme y a tiempo, extirpa el tumor que amenaza la posibilidad de una vida saludable y plena. La medicina puede ser amarga pero devuelve la salud.

No hay que voltear la cara para no actuar a tiempo, engañándonos a nosotros mismos con falsas ideas y dejándole sólo a Dios la tarea que nos toca hacer como formadores, como padres. “Más vale llegar una hora antes que 1 minuto después” y también “Dios dice: ayúdate que yo te ayudaré”.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.

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