16 de Noviembre de 2018

Opinión

Conócete a ti [email protected]

El poder de la pluma

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Lo principal en la vida es crecer para convertirse en lo que potencialmente se es

Desde la antigüedad, el conocimiento de uno mismo es lo máximo de sabiduría en el ser humano. Si culpo de mis acciones y sentimientos a otros, nunca aprenderé nada respecto de mi [email protected] La persona que “culpa” a otras personas, a lugares y situaciones, diciendo: “Este lugar me aburre”, “tú me haces enojar”, “ella me hizo sentir muy mal”, etc., se aleja de la verdad y de la realidad.

Lo que verdaderamente ayuda a nuestro crecimiento es conocernos a nosotros mismos. Saber que es imposible cambiar a otras personas o dominar a nuestro arbitrio las diversas situaciones que se presentan en la vida. Hay que aprovechar las oportunidades para practicar actividades sanas, sin postergarlas, esperando la jubilación o que los hijos decidan sus vidas, etc., ¿y si muero antes?

Al pensar lo que nos gustaría hacer y ahora lo impide, aparentemente, la familia, ¿por qué no empezar a abrir la puerta a esa posibilidad que es buena y está en potencia? Haz una lista que se llame: “Lo que deseo en mi vida”, en lo emocional, en las relaciones, en lo artístico…, esa lista tan personal no se parecerá a la de nadie más, pues son requerimientos de nuestro “verdadero yo”. Por ejemplo: mejor comunicación con…, practicar algún deporte, tiempo para estudiar…, estabilidad económica, respeto, amor, etc. Escribir lo que “mi verdadero yo” necesita ayuda a clarificar necesidades ocultas que por creencias falsas desechamos.

Todos tenemos un vacío profundo. Yo le llamo “vacío de Dios”. Independientemente del nombre, ese vacío interior existe. Muchas personas tratan de llenarlo con bienes materiales, relaciones, trabajo, alcohol, comida, drogas, juegos de azar, etc., pero ese espacio está reservado para el “Ser Superior”.

Todos necesitamos de algo sólido y superior a nosotros para poder impulsarnos. Cuando nuestras emociones trastornadas nos dicen que todo está mal, que no valemos nada…, qué alivio es recordar y meditar que “el acto de amor fue decisión de mis padres; el acto de vida fue decisión de Dios”. Sentirnos bien con nosotros mismos es vital. Querer ser mejor persona cada día, sin cambiar de personalidad para combinarla con la actitud intimidante de alguien más y alterar así a quien se es para adaptarse a otros. Lo que yo quiero es que siempre aparezca “mi verdadero yo”, porque el Creador ¡nunca se equivoca!

¡Ánimo!, hay que aprender a vivir.

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