13 de Diciembre de 2018

Opinión

El legado de Carlos Jaime Heredia

Una vida que es ejemplo de valores cristianos y sociales.

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La riqueza de Yucatán está adornada por su naturaleza, su cultura maya, su gente cálida y trabajadora y también por su óptimo desarrollo económico y social; pero el éxito no es un hecho consumado, existen personas que luchan todos los días y en todos los frentes para llevar a la sociedad a un estado de prosperidad presente y futura. Así fue la vida de Carlos Jaime Heredia.

Yucatán tiene historias conocidas y no conocidas de empresarios que trabajan por crear negocios innovadores. Carlos creó la cerveza artesanal Ceiba y también tenía negocios en la industria del hule espuma, desde productos para muebles hasta muñecas de exportación; todos empezados desde cero por él.

Su tiempo no sólo giró en torno a intereses personales; fue vicepresidente de la Canacintra y aportó proyectos y promovió el desarrollo de la industria y la calidad del empleo en Yucatán. Su liderazgo fue conocido por tener una opinión objetiva y clara, esas opiniones que siempre sirven a las partes involucradas porque apuntan a oportunidades y retos que realmente transforman, pero que a veces requieren trabajo y nadie se atreve a señalar.

Los valores morales y éticos de Carlos estuvieron siempre de la mano de su profunda fe católica, en la que participó en la coordinación de la Familia Misionera junto con su esposa Beatriz Gómory e hijos; siempre procurando diseminar la cristiandad, solidaridad y el valor del tiempo social entre los jóvenes de todos los rincones de Yucatán.

Carlos falleció repentinamente, a la edad de 52 años, el pasado 19 de octubre, dejando un legado de ejemplo empresarial, social y de valores cristianos que supo permear a su familia; sus hijos cursan sus estudios con éxito y su esposa preside la Fundación del Empresariado Yucateco, una institución que se dedica a desarrollar a las comunidades más desfavorecidas de Yucatán apoyándolas ante diversas necesidades y carencias.

Sin excesos, sin aspavientos, con una sonrisa y alegría permanentes, la riqueza de Carlos descansaba en el equilibrio entre trabajo, familia, fe católica y vocación social que siempre deseamos como sociedad y su ejemplo nos marca la ruta a seguir.

Reitero, estoy seguro que Yucatán tiene muchas historias no contadas como ésta y que es necesario difundir, porque las personas que obran siempre con trabajo, liderazgo y principios son en realidad la fortaleza del Estado.

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