21 de Octubre de 2018

Opinión

El problema no es la corrupción

Siempre la corrupción ha sido el gran problema público desde que se inventó la democracia en la antigua Grecia.

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Siempre la corrupción ha sido el gran problema público desde que se inventó la democracia en la antigua Grecia; ya en Roma, el tribuno Cicerón varias veces expuso actos de corrupción y eso le valió fama, pero como cónsul tuvo que aceptar que benefició a políticos para ganar votos y que aceptaran sus leyes y reformas.

En todos los países hay corrupción, pero no ha sido impedimento para que Alemania, Francia o Estados Unidos sean potencias económicas globales. Sí es verdad que la corrupción hace que existan monopolios y trabas que el gobierno pone para controlar el mercado y que al haber menos empresas nos hacen pagar más por servicios de avión, bancos, transporte, medicinas, etc. Lo que hace un país económicamente bloqueado y fallido es la falta de vocación política de sus gobernantes, ese es el verdadero problema de la clase política, nunca lo ha sido sólo la corrupción.

Es la falta de vocación de servicio la que hace que los políticos destinen enormes recursos en redes sociales para destruir la imagen del contrincante en lugar de elaborar propuestas consensuadas; es la falta de vocación política la que hace que en público los gobernantes se digan abiertos y en privado no te tomen la llamada o te manden con sus secretarios; es la falta de vocación política la que hace que cuando se exponen a un soborno no piden el 10%, sino el 30% y, si se puede, falsifican obra para quedarse con el 100%.

La falta de vocación política es difícil de detectar, no se puede ver en los discursos fogosos y llenos de simpatía y promesas, no se puede ver en la disciplina personal por haber obtenido logros académicos o empresariales; la vocación política está fundada en un profundo arraigo social y sensibilidad humana y hasta en austeridad personal que dista mucho de las cualidades esperadas del prototipo del político popular generador de simpatías colectivas y votos.

En conclusión: no es la corrupción el principal problema del gobierno, es la falta de vocación política de sus protagonistas que poco a poco se convierten en un teatro sin audiencia que genera apatía y desinterés de la sociedad, estancando la economía y acumulando resentimientos que provocan la elección del candidato más ruidoso y que promete un cambio drástico del sistema, pero no es necesariamente el que tiene vocación para lograrlo.

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