21 de Agosto de 2018

Opinión

Discursos alegres, soluciones tristes

El poder de la pluma

Compartir en Facebook Discursos alegres, soluciones tristesCompartir en Twiiter Discursos alegres, soluciones tristes

Todos los escuchamos siempre cargados de promesas con el propósito de elevar el ánimo y provocar sonrisas, de caer bien, pero, como todo lo predecible, terminan siendo aburridos en la hora estratégica, cuando empieza el hambre; se deberían legislar los discursos para que sean útiles, tengan menos intercambio de lisonjas y más información productiva, porque, al final, es tiempo público.

No es exclusivo de gobernadores, pasa con secretarios y líderes de organizaciones sociales; al momento de una toma de protesta, inauguración de obras públicas o de eventos diversos, es lo mismo: no emiten un diagnóstico, una propuesta, una solicitud o una reflexión, nada que motive un punto de inflexión en el tema del evento, nada que marque objetivos, evolución o desarrollo. Al final los discursos son mero protocolo aburrido que genera angustia y estrés al ver que pasan los minutos, no informan de nada nuevo y son repetitivos.

Cierta indulgencia puede ser concedida al gobernador porque su agenda está cargada de eventos y no es que ofenda que no sea experto en el tema -improvisar es parte de los recursos de cualquier político-, sin embargo, ellos tienen fichas técnicas con datos del evento y ciertos números que dirán durante su discurso a manera de empatía. Lo que es imperdonable es que los secretarios o los mismos líderes del evento no aprovechen estos momentos para dirimir problemas, generar compromisos o exhortaciones y caigan en la mediocridad del intercambio de lisonjas para adornar el acto, tirando a la basura la oportunidad de utilizar el foro.

Tampoco se trata de ventilar problemas y reflexiones, pero sí sutilmente se debe aprovechar el tiempo exponiendo los temas que pueden mover la agenda y hacer útil la reunión para que cuando termine se vean avances, compromisos o de plano una reflexión acerca sobre lo expuesto.

Recuerdo bien los discursos de Víctor Cervera, claro, estaban adornados de cifras alegres, pero siempre aterrizaban en retos y problemas próximos que convertían los eventos en verdaderas reuniones de celebración y de trabajo, o los discursos de Raúl Casares G Cantón: siempre después del breve intercambio de lisonjas se planteaban necesidades seguidas de propuestas que se ventilaban en público; la agenda del asunto ya había avanzado.

Convertir los discursos en útiles sin caer en aburrimiento es un arte obligado que tienen que dominar políticos y líderes; indispensable será la voluntad de transformación social de las autoridades.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios