22 de Octubre de 2018

Opinión

Adiós a la negación

Cuando nuestras vidas están centradas en el odio, en el resentimiento, en la venganza y en el miedo, no podemos seguir llamándola vida...

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El demonio de la negación nos acompaña, sabemos que el mundo está mal, que nuestras relaciones están mal, que la manera de encarar nuestros sentimientos están mal, pero en lugar de trabajar en cambiar esta situación preferimos escondernos tras la negación de decirnos a nosotros mismos que todo está bien, que ya ha habido otras épocas en las que la situación estaba peor, en las que había más crueldad y más violencia.

Preferimos escondernos detrás de nuestros teléfonos inteligentes, preferimos adormecer nuestra conciencia ocupando nuestra mente en revisar los muros de nuestros amigos, nos decimos que el mundo no está mal porque ha estado peor, vemos que nuestra realidad no es tan triste porque la de otros nos supera y no nos damos cuenta que debemos de luchar por nuestra propia felicidad, por nuestra paz interior, y no compararnos con los demás para saber cómo estamos, necesitamos conocernos a nosotros mismos, estar contentos con nuestras decisiones, saber que hemos tomado las riendas de nuestra vida y que dirigimos nuestro camino hacia el lugar a donde queremos llegar.

Para entender esto tenemos que salir un poco de nuestra zona de confort, hacer a un lado lo que parece estar funcionando y ver realmente a nuestro interior, a nuestros miedos, a nuestros sueños. Analizar qué tanto nuestros miedos nos alejan de los sueños y darnos cuenta de que el miedo nos hace muchas veces más daño que el sentimiento o la acción temida. Por miedo a ser heridos nos aislamos y no nos dejamos sentir, por miedo al rechazo rechazamos nosotros a los demás y nos vamos quedando solos. El resentimiento no nos deja nada bueno, nos lleva a caminos de dolor y soledad, y sin embargo le damos poder, lo alimentamos. Decía Einstein “no podemos resolver nuestros problemas con el mismo tipo de pensamiento que los creamos”; para poder resolverlos tenemos que cambiar el pensamiento, cambiar el punto de vista, aprender cosas nuevas, crecer.

Cuando nuestras vidas están centradas en el odio, en el resentimiento, en la venganza y en el miedo, no podemos seguir llamándola vida, cuanto más pronto logremos cambiar nuestra programación y sustituir estos sentimientos con comprensión, perdón y compasión, más pronto comenzaremos a vivir; cuanto más pronto dejemos de buscar culpables, hurgar en nuestro pasado por justificaciones para nuestro dolor y nuestra soledad y entendamos que somos quienes majeamos nuestro destino, que nosotros decidimos como vemos nuestra vida y cómo nos vemos a nosotros mismos, si nos consideramos victimas o seres libres y capaces de amar y de aceptar su destino, comenzaremos a construirlo.

Pero para lograr esto muchas veces tenemos que cambiar nuestra programación, dice Jennifer Deisher en un artículo, que debemos de enfrentar la realidad de que hemos sido educados a luchar unos contra otros y contra nuestro planeta en nombre del progreso, del éxito, del dinero de la religión. Vivimos en un mundo con bullying, con hambre, con odio. Un mundo que tiene suficientes recursos para todos, pero que enriquece sólo a unos cuantos llevando miseria y dolor a otros. Y cada quien nos centramos en nuestra propia vida y tratamos de no ver alrededor, de no darnos cuenta de lo que nos rodea y del trabajo que nos tocaría hacer para cambiar. Seguimos nuestra rutina esperando que algún día el gobierno lo corrija, que alguien se haga cargo y cambie al mundo.

Esto nos lleva a vivir en lo que hoy diagnostican los doctores como depresión y que Facundo Cabral solía llamar distracción, cuando decía “no estamos deprimidos, estamos distraídos”. Vivimos distraídos, no queremos ver la realidad y nos escondemos en donde podemos, la televisión, el Facebook, los antidepresivos, y entramos en un ciclo que repetimos constantemente y que nos hace sentir seguros pero nos aísla de la realidad y de nuestra verdadera vida, de nuestra verdadera satisfacción, de nuestra paz interior. Cuando la realidad debería de ser mucha más sencilla, el camino siempre es el amor, la conexión, dejar de juzgarnos y juzgar a los demás, dejar de esperar y comenzar a vivir, comenzar a sanar; muchas cosas del mundo están fallando, pero tenemos que entender que cada uno de nosotros tiene la posibilidad de ver la realidad como un regalo y entender que nuestra fuerza, nuestras decisiones son las que van creando el mundo que nos rodea y que está en nuestras manos ser diferentes y con esto comenzar la construcción de un mundo mejor.

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