23 de Octubre de 2018

Opinión

La puerta y el sheriff Arpaio

Cualquier idea de apoyo a quienes se manifiestan contra un ser humano sólo por ser diferente.

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Lejos de mí –como diría el clásico- cualquier idea de apoyo a quienes se manifiestan contra un ser humano sólo por ser diferente (o sea, desigual), o venir de fuera (ser foráneo, en cuyo fondo etimológico está una palabra indoeuropea que significa puerta). Hecha esta declaración de principios, para que no digan que soy xenófobo (aunque si lo dicen, pues será problema del que lo diga), expongo lo siguiente en este foro (derivado de puerta también):

  1. Los lamentables sucesos de las últimas semanas en la costa de Yucatán no pueden ser juzgados a la ligera ni nadie declarar tajantemente que se trata de una manifestación irracional de odio a quienes son diferentes o han traspuesto la puerta de allá para acá. Creo que hay algo más que eso y tiene que ver con el abandono de la autoridad que ha sido omisa en cumplir su deber de velar por la paz y la tranquilidad de los ciudadanos. Muchos de quienes se asientan en los puertos no llegan en son de paz y de integración a la comunidad que los recibe. Es cierto también que en esas comunidades no viven puros angelitos, pero los vecinos saben quiénes son los malos y se cuidan de ellos.
  2. La Constitución, desde luego, consagra el libre tránsito en todo el territorio nacional y que nadie puede ser molestado en sus bienes y persona más que mediante mandato de autoridad legítimamente constituida, de modo que no puedo aplaudir que los vecinos de esos puertos hagan justicia por su mano. Creo que el camino es exigir a la autoridad que cumpla su obligación y, si se cometen delitos, sea por quienes ahí viven o quienes lleguen de fuera, se castiguen sin miramientos. Investigar si todo está en orden en el caso de quienes se dedican a pescar es también su obligación.
  3. Las autoridades municipales hacen muy mal al encabezar operativos de expulsión de forasteros. Su deber es, si conocen de algún ilícito, proceder en consecuencia y poner al autor, sea vecino o inmigrante, en manos de una instancia competente. Algunos alcaldes me recuerdan al sheriff Arpaio.
  4. Finalmente, lo que importa es que todos vivamos y trabajemos en paz y que ningún derecho sea vulnerado. Las riquezas del litoral mexicano pertenecen a todos (menos a los chinos), pero se deben explotar con orden y mesura. Para eso hay leyes. La exigencia debe ser que se cumplan.

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