24 de Septiembre de 2018

Opinión

México, un país poderoso

El otro día leí un artículo del doctor Juan Ramón de la Fuente que hablaba precisamente de esa carencia de ideología que caracteriza al mundo de hoy.

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Un programa de televisión de esos que pasan en las madrugadas (lo vi a las 3 a.m.) y en el que hablaban cinco intelectuales mexicanos –no opinadores sobre todo a quienes el más opinador de todos, Jorge Castañeda, llama la comentocracia: Aguilar Camín, Meyer, Zuckerman, Reyecito Heroles (nada que ver con su padre) y adláteres- me hizo reflexionar sobre un tema que, me parece, reviste la mayor importancia hoy y ante los sucesos futuros.

Aquellos analistas –en un foro en el Canal 22- hablaban de México como un Estado fuertemente constituido, con instituciones que podrían ser modelo en muchas democracias centenarias. Señalaron, por ejemplo, la estructura electoral que, con todos sus defectos, hoy día garantiza al menos el ejercicio libre del voto en la casilla y la compararon con la de Estados Unidos que aún cuenta con procesos antediluvianos como el caucus, la asamblea popular y la democracia indirecta, superada en México desde la breve presidencia maderista.

Pero también instituciones ejemplarmente fuertes como la judicial con la Suprema Corte de Justicia a la cabeza –aquí he de confesar sin pena que el Judicial es uno de mis canales favoritos en las madrugadas-, las encargadas de la promoción y defensa de los derechos humanos, las de cuidado a la salud (el IMSS un ejemplo, aunque casi destruido ya), una masa intelectual y científica poderosa, un conglomerado de lujo en las artes que sería envidia de muchas naciones “desarrolladas” y organizaciones fuertes de la sociedad civil (las famosas OSC) que muchas veces son eficaz contrapeso al gobierno.

Es decir, México no es un país de esos que los gringos llamaban despectivamente bananeros, no obstante que en muchas franjas la sociedad está desestructurada y que ha habido un proceso de minado de instituciones que alguna vez fueron fuertes, como los sindicatos, que hoy día no son ni pálida sombra de lo que fueron y que han dejado a merced de las “fuerzas del mercado” a la parte más débil de la cadena de producción, y los partidos políticos, desleídos y desdibujados a causa de un pragmatismo cuyo único objetivo es sacar del poder al que está y ponerse ellos, sin ningún escrúpulo ideológico (de ideas).

El otro día leí un artículo del doctor Juan Ramón de la Fuente que hablaba precisamente de esa carencia de ideología que caracteriza al mundo de hoy. Y tiene razón: ya no sabe uno si aquél es de izquierda, de derecha, del centro o todo lo contrario. No obstante, mi optimismo no flaquea: creo que México es más que esos cerebros vacíos.

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