21 de Septiembre de 2018

Opinión

"¡Cómprale una “mariposa” a tu novia!"

Hace un tiempo en la zona del malecón de Progreso, cerca de donde se pone la feria, existía un “simpático” vendedor de “mariposas” (flores blancas aromáticas).

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Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil.- Goethe

Hace un tiempo en la zona del malecón de Progreso, cerca de donde se pone la feria, existía un “simpático” vendedor de “mariposas” (flores blancas aromáticas). Las traía en una charola de metal, de esas para servir cervezas. En su afán de vender, se acercaba a las parejas, sean novios, esposos o amigos, y le decía al varón delante de la dama: ¡amigo, cómprale una “mariposa” a tu novia! El posible comprador, presionado por ese impulsivo mercader, tenía dos opciones: si pretendía enamorar, conquistar o simplemente quedar bien con la mujer, terminaba comprándole con el riesgo de que la fémina pensara que sólo lo hizo por la presión del vendedor, o no comprarle, con el riesgo también de que la dama pensara que era un tacaño. Si no comprabas la flor el vendedor te decía: “codo”, se daba media vuelta y se marchaba.

En ambas posibilidades podías quedar mal. Es psicología común y convencionalismo social.

Este episodio me recordó al gran filósofo alemán Immanuel Kant, cuya ética es el deber por el deber. Para él, las personas debemos actuar de tal forma que nuestros actos tiendan a convertirse en ley universal. Es decir, hacer las cosas como las harían todas las personas que se encontraran en las mismas situaciones que nosotros. Para Kant, los actos humanos tienen dos elementos: uno volitivo relacionado con la voluntad del sujeto y el otro la conducta exteriorizada o expresada en el actuar del sujeto. Para que un acto sea válido y nadie nos pueda recriminar, es necesario que haya armonía entre la voluntad y la conducta externa.

Regresando al vendedor de “mariposas”, era aconsejable que, dependiendo de la voluntad del comprador, éste le podría decir que lo llamaría para que le vendiera la flor, y no comprarla por la presión de habérselo dicho delante de la mujer. Este simple ejemplo nos revela la importancia de los pensadores clásicos en la actualidad. Sostenemos que gran parte de la solución a nuestros problemas los podríamos encontrar en los clásicos, no es necesario escudriñar el pensamiento de complicados intelectuales. Muchos creen que son aburridos y que siempre están en su nirvana. Es sólo tener la capacidad de adecuar lo teórico de aquéllos con el día a día de nosotros. Es hacer útil el pensamiento de estos grandes de las ideas, que, como Kant, son colosos del pensamiento universal.

A ese vendedor nunca le compré “mariposas”.

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