20 de Septiembre de 2018

Opinión

El futuro nos alcanzó, mirando al pasado

Creemos que lo que viene de afuera es mejor que lo que hacemos dentro del país.

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El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que era.- Paul Ambroise Valery

Podemos decir que en general muchos mexicanos dudamos de nuestras capacidades para solucionar los problemas. Ha sido una duda histórica, agudizada en los últimos dos siglos.

Cuando nacemos se dice que estamos impregnados de originalidad, pero con el paso del tiempo nos convertimos en copias de todo y para todo. Por eso cuando un niño realiza una acción genuina, algo que le sale del fondo de su esencia humana, muchas personas lo festejan. Pero conforme pasa el tiempo ese niño inocente, se amaña y empieza a comportarse de forma diferente, influido por los convencionalismos sociales y las motivaciones que hacen que actúe de tal o cual forma no producto de un comportamiento genuino.

Justificaríamos que copiar para mejorar es aceptado ética y socialmente, empero hay ocasiones en que copiamos para empeorar, porque creemos que lo que viene de afuera es mejor que lo que hacemos dentro del país.

Somos un país con grandes talentos en el arte, la pintura, las letras, el deporte, la medicina, las ciencias y cualquier otra disciplina. Hemos tenido mujeres y hombres de intelecto de avanzada que no necesitaron, ni necesitan, copiar a alguien. No obstante lo anterior, nuestra sociedad mexicana se ha caracterizado en muchas ocasiones por copiar de otros lados muchas cosas. Copiamos a los extranjeros muchas de sus conductas e incluso formas de ser y hasta de pensar. Por algo se nos ha dicho que la Malinche prefirió al español que a sus hermanos aztecas, al indicarle a Hernán Cortés el camino a la gran Tenochtitlán y, en consecuencia, sometiera a esa cultura del altiplano.

Los mexicanos en masa somos muy diferentes que en lo individual. En palabras de Octavio Paz: “La clase es más fuerte que el individuo y la persona se disuelve en lo genérico”. El hombre es absorbido por la gente, no es el hombre el que habla, sino la masa. Lo dice nuestro glorioso himno nacional: “Mexicanos al grito de guerra…”.

La esperanza sigue siendo un ideal para los mexicanos. Aunque en los últimos años se cumple a cabalidad el “destrozamiento de la esperanza” a que se refiere Erick Fromm. Finalmente el futuro nos alcanzó y nos encontró pensando en el pasado.
Lo único que tenemos que hacer los mexicanos es creer realmente en nosotros. Hacer finalmente realidad nuestra grandeza, que ha esperado tanto tiempo en ser detonada.

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