22 de Junio de 2018

Opinión

La difícil relación entre comercio y ética

En una sociedad altamente economizada, en donde todo o casi todo tiene un valor de cambio, ¿qué caso tiene hablar de moral o de ética?

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Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.- Albert Camus

Entendemos por moral “al conjunto de reglas, de normas de convivencia y de conducta humana que determinan las obligaciones de los hombres, sus relaciones entre sí y con la sociedad”. Por su parte, la palabra ética refiere “al problema del bien y del mal, establece el código moral de la conducta, señala qué aspiraciones son dignas, qué conducta es buena y cuál es el sentido de la vida”.

En una sociedad altamente economizada, en donde todo o casi todo tiene un valor de cambio, ¿qué caso tiene hablar de moral o de ética? Pues resulta que efectivamente la ética tiene que estar presente en todos los actos del hombre, incluidos los actos de naturaleza mercantil o comercial. No debe permitirse que los actos de índole económica no tengan un control ético o moral, porque de lo contrario se estará permitiendo cualquier situación que justifique la utilidad o la ganancia por encima de los valores del ser humano.

Se han hecho esfuerzos significativos para tratar de minimizar las prácticas poco éticas en las actividades económicas y las prácticas desleales de comercio; hemos dicho que no se puede generar riqueza desprovista de ética. Por mucha que sea su bonanza, esta práctica es inaceptable.

En el capitalismo rampante la competencia por apoderarse del mercado es a muerte, no es tú y yo sino tú o yo. Por lo que las empresas deben competir entre sí para sobrevivir, al hacerlo deberán contar con un piso que sirva de base con un mínimum de reglas éticas. No es aceptable que en aras de conseguir acaparar al mercado se carezca de reglas de competencia y, por lo tanto, todo sea válido, incluso lo inmoral y lo no ético. Recordemos la propuesta kantiana de ética: actuar de tal forma que tus actos tiendan a convertirse en ley universal, es decir válidos para todos, erga omnes. Todo acto mercantil debe llevar una moral determinada, es inaceptable lo contrario, por mucho que sea su atractivo utilitario.

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