15 de Diciembre de 2017

Opinión

Los abogados del siglo XXI

Hay que abogar por la justicia: ésta y la verdad son los que nos harán hombres y mujeres realmente libres.

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Un abogado con su portafolio puede robar más que cien hombres armados.- Mario Puzo

Quien considere que el abogado moderno sólo debe conocer leyes y jurisprudencias se encuentra en un error mayúsculo, es una visión sesgada. El abogado del siglo XXI, si realmente aspira a ser un auténtico jurisconsulto, debe ser un intelectual capaz de entender y explicar los principales problemas del hombre en sociedad y sus posibles soluciones. Ya no alcanza con aprenderse de memoria el Código Civil, el Familiar o el Penal. Ahora quien quiera ser jurista tiene que conocer de filosofía política que le permita entender al Estado y sus complejidades. Sin ello, se estará mermado. Lo que requiere la sociedad actual es de mujeres y hombres que no sólo conozcan el derecho vigente y positivo, sino también las causas primeras y últimas del fenómeno político.

El vertiginoso adelanto científico y tecnológico, el proceso de la globalización económica rampante, el aparente agotamiento y disminución del modelo de Estado interventor, entre otros fenómenos, han contribuido para que se replantee la participación del Estado en los procesos económicos. Redimensionar al Estado en su quehacer fundamentalmente económico y filosófico es una tarea prioritaria en la discusión actual.

Otro compromiso del abogado del siglo XXI es analizar la filosofía política sin presiones externas ni internas, sin mayor compromiso político e intelectual que la libertad de conciencia, esa misma a la que defendemos a ultranza y en la que nos forjamos en el aula universitaria.

Las personas que piensen que el derecho mexicano está puesto al servicio de la clase dominante y no tiene realmente una utilidad al servicio de la justicia, lo más seguro es que también piense que los licenciados en derecho o abogados también somos entes de ese sistema, un instrumento de esa clase al servicio del poder. No aceptamos lo anterior. Tenemos los abogados que dignificar nuestra formación y compromiso con la justicia y la sociedad. Más allá de lo discursivo, los abogados tenemos el compromiso de ser constructores de una sociedad más justa.

Efectivamente lo proponía el jurista y procesalista uruguayo Eduardo J. Couture en su famoso Decálogo del Abogado: hay que abogar por la justicia, ella y la verdad son los que nos harán hombres y mujeres realmente libres.

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