12 de Diciembre de 2017

Opinión

Lucha entre ideología y realidad

Cuidado con los hombres deseosos de protagonismos.

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Todo hombre es un idealista, sólo que sucede con demasiada frecuencia que tiene un ideal equivocado.- Gilbert Keith Chesterton

En nuestra dimensión social existen personas de todo tipo. Las hay quienes se comprometen con una causa y, aunque parezca ambivalencia, puede ser tanto su compromiso con ésta que terminan contradiciéndola.

En política tenemos en México el caso de Luis Donaldo Colosio, que, siendo un hombre de partido, terminó arengando a la gente a luchar contra muchos de los antiprincipios y vicios de ese partido. Hay una aparente contradicción, porque ser hombre de partido significa someterse a las reglas y principios de ese instituto político. Ser disciplinado políticamente significa no realizar ningún acto que comprometa la viabilidad de la institución. El hombre de partido vive para el partido. Cualquier acto que ponga en entredicho al instituto político es considerado rijoso. Pese a mayor presencia de las candidaturas independientes en México, todavía nos rige una partidocracia.

Pero, ¿qué pasa cuando dichas reglas son inversas a las de un militante determinado? Quedan varias opciones: o acepta cambiar sus reglas personales y someterse a las del partido o renuncia al partido para estar en armonía con su pensar y actuar. La primera es la más socorrida, pero la segunda es por la que han optado algunos hombres que parecen incómodos a los dirigentes partidistas.

Puede pasar también que al no respetarse los principios del partido, la persona arengue a los demás militantes a salirse de aquel.

Si trasladamos esta situación más allá de los partidos y la llevamos al terreno del trabajo personal, también puede pasar lo mismo. En las empresas privadas hay personas que son “amarra navajas”, arengan a las demás a sublevarse contra los patrones. Entendemos que al ser factores diferentes de la producción, también persiguen teleologías diversas. Empero en muchas ocasiones es un problema en la interioridad de esas personas.

En la teoría del cambio existen personas denominadas opositores. Son aquellas que se resisten a cualquier tipo de cambio por sistema, interés, hábito o porque no se le informó de ese cambio. Esos opositores tratarán de contagiar a todo aquel empleado que muestre algún tipo de incertidumbre; aprovecharán los titubeos o debilidades para lograr sus propósitos.

Cuidado con los hombres deseosos de protagonismos, ya que, ciegos por sus objetivos, pueden atentar contra cualquier persona, incluso contra los intereses de su propio partido, lo que políticamente equivaldría a una especie de muerte por consunción lenta.

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