22 de Septiembre de 2018

Opinión

Las tramas del poder

Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación.- Michel Foucault

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Para que el Estado funcione como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño relaciones de dominación.- Michel Foucault

Seguramente hay entre los lectores personas que piensan que los individuos somos vigilados, fiscalizados y controlados por empresas, instituciones e incluso por el Estado. Pues bien, uno de los pioneros en esta percepción es el francés Michel Foucault. La obra más representativa de su pensamiento es Vigilar y castigar.

Foucault es un intelectual de los más importantes en la época actual. Su enorme influencia en el campo del saber inspiró a gran cantidad de estudiosos sobre diferentes tópicos. Analizó, entre otras cosas, la psicología social del comportamiento humano. Se licenció en filosofía y psicología. Murió el 25 de junio de 1984, víctima del virus de inmunodeficiencia adquirida.

La aportación de este personaje es importante en las áreas del poder y de las relaciones humanas. Foucault es consciente de que las relaciones humanas son una especie de acuerdo, sujetas de acción, de mando y obediencia. El poder, para él, no es más que una trama extendida a través de toda la sociedad. Dicha trama es un juego, un pacto entre todos, pero no con la idea de Juan Jacobo Rousseau, sino con la intención de construir una sociedad disciplinada y ordenada.

No es un filósofo clásico. La filosofía tradicional estudia temas como el ser, el conocimiento, etc. Foucault pone en la mesa de debate temas que nunca habían sido abordados, en parte porque se pensaba que no eran dignos de análisis: los enfermos mentales, las cárceles, los hospitales, la escuela, entre otros. Para Foucault hubo un momento en que el Estado empezó a desplegar políticas de exclusión utilizando “lugares humanitarios”: cárceles, fábricas, hospitales, incluso escuelas (loco, delincuente, enfermo y estudiante). De esta manera, sostiene Foucault, se controla socialmente a las personas y el Estado se hace más necesario, represivo y las demás personas, es decir, los no encerrados, nos convertimos en cómplices.

Esta teoría de Foucault pone en la palestra el tema de la intención del Estado como ente regulador o controlador, su doble intención en aras de ser “lugares humanitarios” o áreas donde se entra, como diría el autor, para ser “clasificado, vigilado, medido, normalizado, curado, reprendido, formado, conformado, evaluado, reformado, castigado o simplemente convertido en miembro forzoso de una institución racionalmente codificada”.

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