18 de Octubre de 2018

Opinión

"Venezuela: entre la no intervención y los derechos humanos"

Los derechos humanos son universales, imprescriptibles e inalienables. Lo que significa que no pueden ser susceptibles de intercambio, negociación y transacción.

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La Doctrina Estrada, propuesta por el ex canciller mexicano Genaro Estrada en un famoso comunicado el día 27 de septiembre de 1930, dice que nuestro país: “[…] no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos, porque considera que ésta es una práctica denigrante que, sobre herir la soberanía de otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores puedan ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes de hecho asumen una actitud de crítica al decidir favorable o desfavorable […]”. Desde hace algún tiempo se viene cuestionando si todavía resulta útil y aplicable seguir con tal principio de política exterior.

La fracción X del artículo 89 de nuestro texto constitucional federal establece los principios de política exterior que México debe tomar en cuenta al llevar al cabo su política exterior, entre estos principios están la no intervención y el respeto, la protección y la promoción a los derechos humanos. El dilema resulta en cómo lograr la armonía entre estos dos principios, si durante años la no intervención ha servido de pretexto para que dictadores argumenten que los problemas de sus nacionales los resuelven dichas personas sin ninguna injerencia externa.

Los derechos humanos son universales, imprescriptibles e inalienables. Lo que significa que no pueden ser susceptibles de intercambio, negociación, transacción y que son reclamables ante cualquier instancia sea local, regional e incluso universal.

El caso actual de Venezuela plantea otra vez esta añeja discusión. ¿Qué política exterior adoptar para no incumplir con estos dos principios de política y respetar nuestro texto constitucional? Durante muchos años México tuvo una política exterior de respeto a todas las naciones, independientemente de los sistemas políticos que adoptaran; hoy las condiciones de las relaciones internacionales obligan a compromisos más concretos, a velar por el respeto a los derechos humanos independientemente del lugar en donde se violen, sea Madagascar o la mismísima Venezuela de Simón Bolívar.

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