15 de Diciembre de 2017

Opinión

El horario

Con el cambio de horario sale a relucir una duda que todos tenemos: ¿realmente se ahorra energía?

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Este primer domingo de abril amanecimos con el controversial horario de verano, y se adelantó una hora nuestro reloj comercial, pero no nuestro reloj biológico.

Los responsables del cambio de hora aseguran que se ahorra energía y que tiene numerosas ventajas para el medio ambiente; por ejemplo, los especialistas mencionan que con esto se contribuye a luchar contra el cambio climático, ya que la producción energética se basa en su mayoría en el uso del carbón o el petróleo. Estos combustibles fósiles emiten dióxido de carbono (CO2), un gas involucrado en el cambio climático. Cuanta menos energía se utilice, menos CO2 se emite.

También se menciona que esta medida trae consigo un ahorro en la utilización de materias primas, pues al producirse menor energía la cantidad de materias primas necesarias para ello disminuye. Por tanto, el impacto de las actividades como la minería o las plataformas petroleras de extracción, transporte y transformación de dichas materias primas se reduce.

Otro factor que se considera importante es el impacto en la reducción de los niveles de contaminación, debido a que las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) y el empleo de combustibles fósiles suponen también la emisión de sustancias y gases nocivos para el medio ambiente y la salud.

Algunos de sus efectos más conocidos, como las mareas negras o la destrucción de zonas vírgenes para la búsqueda y extracción de nuevos yacimientos de hidrocarburos, son los más conocidos.

No hay que olvidar que una parte de la electricidad que consumimos proviene de las centrales nucleares, cuyos residuos radiactivos o la posibilidad de un accidente pueden provocar un impacto ambiental grave.

Pero a muchos nos asalta una cuestión: ¿realmente se ahorra energía? Esta es la pregunta que nos hacemos todos los años. Pero no hay un consenso científico sobre cómo influye en nuestro día a día.

Algunos expertos y estudios aseguran que puede favorecer la aparición de picos de demanda de electricidad, o que la reducción que se consigue a ciertas horas se aumente a otras, y el balance final no compensa. Si las horas posibles de sol se desajustan con la actividad humana, se podría reducir esta forma de energía renovable no contaminante.

La energía del sol se consume según se produce, salvo que se empleen acumuladores o baterías para guardarla y utilizarla en otros momentos cuando no hay sol, pero en la práctica no suelen usarse masivamente por ser sistemas todavía muy caros.

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