20 de Octubre de 2018

Opinión

La educación vial, lo más importante

Perdonen mi insistencia, pero el problema de la inseguridad vial en nuestras calles amerita un golpe de timón que asegure una mejor convivencia.

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Perdonen mi insistencia, pero el problema de la inseguridad vial en nuestras calles amerita un golpe de timón que asegure una mejor convivencia. Los autos, las bicicletas y los vehículos de transporte son algunos de los elementos que conviven en nuestras calles y lo cierto es que al hacerlo exigen un orden y una lógica común; es decir, saber cuándo un auto debe avanzar y cuándo detenerse, los espacios en que los peatones tienen más derecho que los conductores, la posición y características de las señales de todo tipo, con una lógica y una congruencia en los sentidos de circulación.

Lo cierto es que todo esto está ordenado en el reglamento de tránsito que pocos conocen; al recorrer las calles de la ciudad, las diferentes señales que te informan deben tener siempre la misma ubicación, el mismo tamaño y el mismo color, en una estructura vial que debe tener siempre continuidad y no encontrarnos con un sinnúmero de puntos en los que las vías cambian de sentido de circulación, es decir, no podemos seguir adelante.

Hay que entender que cuando nuestros hijos e hijas aprenden educación vial, aparte de aprender a salvaguardar su vida y la de los demás, están aprendiendo mucho más, ya que están desarrollando su propia inteligencia emocional al consolidar sus vínculos con la sociedad, con su entorno, y lo más importante es que están aprendiendo a respetarse y a respetar todo lo que les rodea.

Que nos quede claro que cuando enseñamos a nuestros hijos a circular con respeto y a cumplir las normas de circulación, aparte de extenderles un valioso seguro de vida, les estamos dando mucho más: les estamos enseñando a vivir en sociedad y a siempre compartir los espacios públicos con sensatez y generosidad.

Por esta razón, la educación y la circulación vial deben estar consideradas como un importante valor ético, comparable con la solidaridad, el respeto, la paz, la libertad y la fraternidad. Que no nos quepa la menor duda de que nuestro espacio y libertad como peatón, pasajero o conductor empieza o acaba allá donde empieza o acaba el espacio y la libertad de las demás personas. Para terminar, una frase muy utilizada: «Para saber cómo es una persona, sólo hay que observar cómo conduce y cómo circula».

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