23 de Septiembre de 2018

Opinión

Vivienda, hacinamiento e inseguridad

Cuando se trate de casa, pensemos en el bienestar de todos.

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Un tema que está hoy en discusión corresponde a las características de la vivienda popular, pero hay que tener bien claro que la vivienda no es sólo un asunto de muros y techos, sino del espacio vital y real de convivencia, crecimiento y desarrollo familiar, donde, con los elementos necesarios, las relaciones socio-familiares se deben armonizar y mejorar.

Y es que si conociéramos las condiciones en las que viven numerosas familias entenderíamos muchos de los factores sociales de inseguridad, ya que hay viviendas en las que en una habitación duermen más de cinco personas, en condiciones de peligroso hacinamiento, el cual es uno de los indicadores que deben tomarse en cuenta al momento de plantear las características de una vivienda destinada a estas familias, debido a su impacto en el comportamiento y la salud de sus integrantes.

La vivienda es un derecho social de todos, y es indispensable que siempre reúna condiciones de seguridad, confort, ventilación, privacidad e iluminación, aunque se ha difundido la creencia de que las familias pueden vivir en un espacio de tan sólo 40 metros cuadrados.

Lo cierto es que el hacinamiento es un problema social generalmente vinculado a la pobreza; los dos factores que más se alteran por el hacinamiento son la privacidad y la circulación, los cuales, si son adecuados, contribuyen a que se tejan relaciones familiares emocionalmente sanas.

Al hablar de privacidad, nos referimos a la necesidad que tienen los padres en relación con sus hijos y entre los hermanos, a una separación espacial adecuada que les permita realizar sin conflictos actividades como dormir, estudiar o comer, sin incomodarse por la presencia de otros y las actividades que realizan.La circulación se refiere al desarrollo normal de las actividades familiares, evitando interferencias a la libertad de movimiento o intromisiones inesperadas en situaciones incómodas o rompiendo la privacidad.

El problema no es sólo el tamaño, sino el número de cuartos, ya que el conflicto sociofamiliar puede surgir si se reduce el número y característica de los espacios, pues los servicios deficientes en la vivienda disminuyen las posibilidades de una convivencia adecuada. Pensemos en el bienestar de todos. 

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