21 de Septiembre de 2018

Opinión

Cumpleaños

¡Blue Demon, desde que era niño soy admirador tuyo! ¿Me puedes dar tu autógrafo?

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¡Blue Demon, desde que era niño soy admirador tuyo! ¿Me puedes dar tu autógrafo? Aquel pequeño, cuya cabeza estaba enfundada en una máscara del famoso luchador, no pudo esconder tras ella la expresión estupefacta que puso al escuchar mi sorpresiva solicitud, los nervios se apoderaron de él y, tartamudeando, apenas alcanzó a decirme: es que no puedo, no tengo pluma. Yo tengo una en mi auto, ahora la traigo, le respondí. ¡Espera!, me dijo más nervioso aún, lo que pasa es que no soy Blue Demon, mira, soy Pato, el cumpleañero, dijo mientras con una mano se retiraba la máscara para que yo pudiera ver su rostro.

Patricio, como la inmensa mayoría de los niños, tenía en ese entonces la enorme bendición de poseer la humildad y la inocencia que impide a los pequeños dar seguimiento a una mentira de estas proporciones, su alma limpia y transparente no le permitía usurpar la personalidad de su ídolo, y con esto me recordó la verdadera razón por la que es preciso ser como niño para entrar en el Reino de los Cielos.

Había yo acudido a buscar a mi hijo, que se encontraba en la celebración del cumpleaños de Patricio, hermano menor de una de sus mejores amigas. Varios niños correteaban por las tranquilas calles de la privada, con sus máscaras de diferentes ídolos de la lucha libre, lo que también me recordó la bella costumbre de nuestras madres de hacer fiestas temáticas a sus hijos.

Celebrar el aniversario del nacimiento de una persona es una costumbre que se remonta a los primeros años de vida en sociedad. Desde los inicios de la historia se practicaba el hábito de felicitar a la persona que cumple años, llevarle un regalo o cantarle una canción. Aunque otras de las actividades que se acostumbra realizar tienen su origen en la magia o la brujería, como encender las velas, que formaba parte de un ritual que se creía protegía al homenajeado del demonio o de los malos espíritus durante un año.

Quizá por eso, en los primeros años del cristianismo, se rechazaba esa práctica por considerarla pagana y propia de hechiceros. No fue sino hasta el siglo IV dC cuando se empezó a difundir la fiesta de la Navidad como el cumpleaños de Cristo, y entonces volvió a cobrar auge entre los cristianos la celebración del cumpleaños. Incluso en algún tiempo, además de poner tantas velas como años cumplía el homenajeado, se acostumbraba encender una más grande a la que se denominaba “luz de la vida” o “luz de Cristo”.

Hoy, 2 de septiembre, es cumpleaños de un magnífico amigo y excepcional persona, el padre Jorge Antonio Laviada Molina, quien en vida, durante una de sus misas dominicales, acostumbraba rodearse de niños como Pato, llenos de humildad y de amor por la verdad, transparentes, congruentes. Feliz cumpleaños Jorge, te mando un abrazo al cielo.

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