15 de Noviembre de 2018

Opinión

Potrero del Llano

El poder de la pluma.

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“Señores: sean cuales fueren los sufrimientos que la lucha haya de imponernos, estoy seguro de que la Nación los afrontará. Los ilustres varones cuyos nombres adornan los muros de este baluarte de nuestras instituciones democráticas garantizan, con el testimonio de su pasado, la austeridad de nuestro presente, y son la mejor promesa espiritual de nuestro futuro.

“De generación en generación, ellos nos transmitieron esta bandera que es símbolo espléndido de la Patria. ¡Que ella nos proteja en la solemnidad y gravedad de esta hora en que México espera que cada uno de sus hijos cumpla con su deber!”.

Esas palabras fueron pronunciadas por el presidente Manuel Ávila Camacho ante el Poder Legislativo, en 1942. Son los dos últimos párrafos del discurso que pronunció para declarar el “estado de guerra” entre nuestro país y Alemania, Italia y Japón.

Mañana domingo 13 de mayo se cumplen 76 años del hecho que desencadenó esta decisión, y que significó el ingreso de México a la Segunda Guerra Mundial: exactamente a las 23:55 horas de esa fecha en 1942, el primer buque petrolero mexicano fue torpedeado e inutilizado por el submarino alemán U-564 a 15 millas de la costa de Florida. Iba cargado con 46,000 barriles de petróleo y perecieron 14 de sus 35 tripulantes. El buque había sido incautado a Italia en 1941 y fue rebautizado como Potrero del Llano en honor a uno de los fundos petroleros más productivos del Estado de Veracruz. Un total de 6 buques petroleros mexicanos fueron hundidos por submarinos alemanes en el transcurso de unas cuantas semanas después.

Ese era el México que apenas 4 años antes había consumado la expropiación petrolera. De hecho, apenas unos días antes se había resuelto el tema de la indemnización y los plazos para pagar a las compañías estadunidenses que habían sido expropiadas. La solución de este asunto es lo que había permitido el libre flujo del petróleo mexicano a Estados Unidos, y la naciente Pemex utilizaba para tal efecto los buques que había incautado en aguas mexicanas a naciones del eje. Desde marzo había submarinos alemanes en el Golfo de México, que detenían a barcos mercantes mexicanos y les advertían que habría graves consecuencias si continuaba el comercio de petróleo con EU.

México no estaba preparado para la guerra, solamente destacó la participación del famoso Escuadrón 201, también conocido como las Águilas Aztecas. A partir de ahí se estableció el servicio militar obligatorio. Otras consecuencias fueron el envío de 302,775 trabajadores a Estados Unidos para cubrir la falta de mano de obra, y el enrolamiento de 14,849 mexicanos en el ejército estadunidense. La guerra estimuló los procesos productivos y México experimentó un crecimiento económico acelerado. Roosevelt llegó a decir: “Los trabajadores mexicanos están contribuyendo con su actividad y su destreza a la producción de elementos vitalmente necesarios”.

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