11 de Diciembre de 2017

Opinión

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En días recientes, un oleaje de hechos violentos ha ocasionado grietas en la sociedad yucateca ¿cómo repararla?

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Dicen que las grandes tragedias, o problemas, precisan de grandes soluciones. En términos más coloquiales, se diría que de acuerdo con el tamaño del sapo es la pedrada.

En el año 2002, el 13 de noviembre para ser más exactos, el buque petrolero monocasco llamado “Prestige”, de registro griego, que navegaba con bandera de las Bahamas, tripulación asiática y que era propiedad de una empresa de Liberia, transportaba procedente de San Petersburgo, una carga de 77 mil toneladas de fuelóleo de alta densidad y viscosidad tipo M-100, que pertenecía a una compañía petrolera rusa con sede en Suiza, cuando al encontrarse frente a las costas de la comunidad autónoma de Galicia, al noroeste de España, en medio de un temporal, sufrió daños y agrietamientos en su casco de acero.

No se comprobó si el daño fue causado por troncos o un contenedor que otro buque hubiera dejado caer debido a la misma tormenta, o simplemente por el mal estado comprobado en que se encontraba el viejo barco. El caso es que el navío, tras varios días de maniobras, gestiones, y finalmente intentando alejarlo lo más posible de la costa, terminó por partirse en dos y hundirse frente a la costa gallega aproximadamente a 250 km de Cabo Finisterre, habiendo vertido al mar una gran parte del total de su carga.

Estos hechos en su conjunto, conocidos como la tragedia o el desastre del "Prestige", ocasionaron una de las catástrofes medioambientales más grandes de la historia, y en Galicia provocaron además una profunda crisis económica, social y política. La afectación a las actividades económicas más importantes de aquella región, la pesca, el turismo, las conservas, la construcción y otras industrias, significó más del 10 por ciento del PIB. De hecho se le considera el tercer accidente más costoso jamás ocurrido hasta hoy en el mundo entero, con un costo estimado en 12 mil millones de dólares, solamente por detrás de la desintegración del Columbia y el accidente nuclear de Chernobyl.

Pero para mí lo más importante de toda esta historia lo constituye la respuesta de las personas a quienes se ha dado en llamar “Los Voluntarios del Prestige”, las diferentes fuentes de información refieren cifras desde los 150 mil hasta los 300 mil voluntarios, que, procedentes espontáneamente de toda Galicia, de toda España y hasta de muchos otros países, llegaron dispuestos a ayudar y dedicaron un esfuerzo sin precedentes durante varios meses a recoger de sol a sol más de 100 mil toneladas del chapopote convertido en una pasta negra y pegajosa, que cubrió de un manto oscuro toda la costa desde el norte de Portugal hasta las Landas en Francia.

Como al casco del "Prestige", en días recientes un oleaje de hechos violentos ha ocasionado grietas en la sociedad yucateca. Infravalorar la gravedad de estos hechos o, peor aún, ocultarlos, ignorar sus causas y acobardarse al poner soluciones no es nada bueno.

Sólo veo un modo de resolver esto: todos JUNTOS.

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