18 de Diciembre de 2017

Opinión

Kilo

Convoco y suplico a quienes me hacen el favor de leer esta columna a que brindemos generosamente un kilo de ayuda

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El hambre es, sin duda, de todos los rostros que nos muestra a diario la pobreza el más crudo y doloroso. Y es peor aún cuando este mal de la humanidad se hace presente en la infancia.

Cuando un niño o niña, por causa de la pobreza de sus padres o tutores, se ve ante la involuntaria necesidad de vivir sometido a un régimen alimenticio deficiente, queda impedido para que ocurra a plenitud en él o ella lo que se ha dado hoy en llamar el Desarrollo Infantil Temprano (DIT), que se refiere al desarrollo físico, cognitivo, lingüístico y socio-emocional, todos ellos de una manera integral, para dar así cumplimiento a todos sus derechos.

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), cuyo texto final fue aprobado en la Organización de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, se convirtió en Ley en 1990 después de ser firmada y ratificada por los primeros 20 países, y es hoy el tratado más ratificado en la historia de la ONU, al haber sido aceptado ya por 195 estados miembros, con la única excepción de los Estados Unidos de Norteamérica. La diferencia entre una Declaración y una Convención es que esta última obliga a los gobiernos que la hayan firmado y ratificado, y por lo tanto deben rendir cuentas sobre su cumplimiento al Comité de los Derechos del Niño. Consta de 54 artículos, y recoge los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños.

El Artículo 24 de la Convención habla, entre otros temas, del derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud, señala que deben adoptarse medidas para reducir la mortalidad infantil, así como combatir las enfermedades y la malnutrición mediante la aplicación de tecnología disponible y el suministro de alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre.

Hace un par de días tuve el privilegio de conocer al presidente de la organización Un Kilo de Ayuda, A.C., Pedro Reverté, y a su directora de Desarrollo Institucional, Gabriela Gatica, mediante quienes pude enterarme del extraordinario trabajo que están desarrollando en comunidades marginadas de Yucatán y de otros seis estados de la República, y que se han propuesto alcanzar un México que garantice las condiciones para un pleno Desarrollo Infantil Temprano (DIT) y erradicar la desnutrición crónica para el año 2024.

Independientemente de la obligación legal que el gobierno mexicano tiene de atender estos asuntos al haber ratificado la CDN, me parece sustancialmente valiosa la labor de Un Kilo de Ayuda, A.C., y creo además que los yucatecos podríamos y deberíamos estar más involucrados y comprometidos con esta causa.

Convoco y suplico a quienes me hacen el favor de leer esta columna a que brindemos generosamente al menos un kilo, y juntos sumemos muchos miles de kilos de ayuda para los niños de Yucatán; les invito a contactar a la asociación y ofrecer voluntariamente la ayuda que puedan otorgar en la medida de sus posibilidades.

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