21 de Junio de 2018

Opinión

Campeón

Las relaciones personales de un educador con sus alumnos debe buscar llevarlos de donde están a donde tendrían que estar.

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Hace unos días, cuando ya había finalizado el acto protocolario para conmemorar el natalicio del Lic. Benito Juárez García, homenajeándolo con una ofrenda floral, y cuando aún los “aspirantes a ocupar la silla grande” seguían sonrientes estrechando manos, besando mejillas y concediendo entrevistas a los medios al pie del monumento que honra su memoria, escuché a una señora decirle a otra: “Oye, tú, no sabía que don Benito se llamaba Patricio”, mientras ambas leían asombradas en la placa de bronce la leyenda “AL ILUSTRE PATRICIO BENITO JUÁREZ”.

Esto trajo a mi memoria dos cosas: 1. El nivel cultural y educativo de la población es muy bajo, y 2. Recordé las lecciones que mi madre tomaba a mi hermana Alejandra cuando pequeña, y que todos le pedíamos que repitiera a cada rato: ¿Cómo se llamaba? Lic. Benito Juárez García, ¿Dónde nació? En San Pablo Guelatao, Oaxaca, ¿A qué se dedicaba de pequeño? A cuidar ovejitas, ¿Qué llegó a ser de grande? Presidente de la República Mexicana, ¿Qué hizo? Las Leyes de Reforma.

Y hablando de reforma, precisamente también hace unos pocos días, el presidente de México, Lic. Enrique Peña Nieto, y el secretario de Educación Pública, Lic. Aurelio Nuño, presentaron a la sociedad mexicana el nuevo modelo educativo, que puede verse como una nueva reforma de la reforma educativa. Este nuevo modelo busca sostenerse sobre cinco pilares:

En primer lugar se pretende establecer un nuevo enfoque pedagógico, mediante el cual los niños “aprendan a aprender” en lugar de memorizar las cosas, como hacía de pequeña mi hermana y hacíamos todos quienes vivimos en la era pre reforma.
El segundo pilar persigue colocar a la escuela en el verdadero centro de la transformación educativa, dotándola de mayor autonomía para gestionar su funcionamiento, recursos e infraestructura.

Con el tercero se quiere asegurar la equidad e inclusión, incorporando a la formación de los alumnos la cultura y las lenguas indígenas, así como establecer escuelas incluyentes que sean accesibles a alumnos que posean alguna discapacidad.
La participación de todos los agentes involucrados en la educación es el cuarto pilar, y el quinto tiene como objetivo fundamental el fortalecimiento de la formación profesional y el desarrollo docente.

Rita Pierson, una maestra con cuarenta años de experiencia en la docencia e hija de padres maestros, ofreció poco antes de morir en junio de 2013 una inspiradora charla TED titulada “Todo niño necesita un campeón”, en la que destaca la importancia de la conexión humana, de las relaciones personales que debe establecer un educador con sus alumnos para conseguir llevarlos de donde están a donde tendrían que estar, y así marcar un diferencia en sus vidas.

Creo que un buen sexto pilar, ¿o quizás debe ser el primero?, debería ser que cada maestro sea para sus alumnos un verdadero campeón, que sepa conectar con ellos para dejar una huella imborrable en su memoria.M

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