10 de Diciembre de 2018

Opinión

Guerra sucia

El poder de la pluma

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Los mexicanos estamos a pocas semanas de elegir gobernantes y representantes legislativos, cuestión que, como sabemos, marca el camino que tomará el país durante los próximos años.

Y un concepto que en las campañas se hace presente cada proceso electoral es el de guerra sucia, la cual consiste en las formas en las que los partidos políticos consiguen votos a través de la desinformación, el desprestigio al rival y el miedo que pueden provocar entre el electorado.

Por supuesto, éstas no son las formas a las que debe aspirar una democracia y sólo garantizan un ambiente de ingobernabilidad para quienes lleguen a los puestos públicos. Sin embargo, ésta es la manera en la que la clase política ha logrado mantener sus privilegios en el poder; no a través del trabajo a favor de los mexicanos menos favorecidos y del respeto a nuestras leyes.

Ante la guerra sucia, la responsabilidad más que nunca recae en el ciudadano. En estas elecciones, la mejor manera de decidir el voto es por nuestra cuenta, informándonos de primera mano, viendo los debates, ingresando a las plataformas de los candidatos, participando en foros, leyendo e investigando sobre lo que realmente nos ofrecen todos los aspirantes a algún puesto popular; y a partir de ahí elegir lo más conveniente para nosotros y nuestras familias.

Es necesario tomar las riendas de estas elecciones e impedir que nuestra decisión sea manipulada a través del miedo. Es necesario hacer una reflexión informada y completamente individual sobre nuestro voto, intercambiar ideas y evitar agresiones, aplicar ahora toda la educación que durante años y con mucho esfuerzo nos han regalado nuestros padres, para poder escuchar al contrario y respetar las diferencias.

Si todo eso se pusiera en práctica, acabaría uno de los males que, desde mi punto de vista, es culpable de que en México aún no funcione la democracia: los mexicanos pasamos mucho más tiempo intentando influir en la elección del otro que reflexionando sobre la nuestra. Imaginen que la cosa fuese al revés.

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