22 de Octubre de 2018

Opinión

José Inés Novelo, un vallisoletano ilustre(3)

Don José Inés Novelo, del que hemos venido hablando en esta serie de artículos, refiere, al hablar de su infancia en Valladolid.

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Leonel Escalante Aguilar/SIPSE

Mérida, Yuc .-Don José Inés Novelo, del que hemos venido hablando en esta serie de artículos, refiere, al hablar de su infancia en Valladolid:

-Mi madre, que aunque no sabía escribir, sí leer perfectamente, lo que logró porque quiso saber leer, para complacerme , me leía con una modulación cautivadora cuantos versos publicaban ambos diarios, haciéndome notar sus diversas musicalidades, estructuras y tonos.- Y la acribillaba siempre con preguntas como ésta.– ¿Por qué dicen esos versos, mamacita, que los ojos parecen dos estrellas y los labios una flor…? Me respondía: -Así son, hijito, los poetas exageran mucho, dicen las cosas de modo diferente que los demás, aunque, ¿será que ven estrellas en los ojos y flores en los labios? Y así, una y otra vez, esos coloquios literarios se daban con relativa frecuencia y se aderezaban con los empíricos conocimientos que, con esas agradables lecturas, José Inés iba cotidianamente haciendo y que su madre, siempre, con esa iluminada intuición de un intelecto privilegiado, estaba ahí para explicar a su modo y dar respuesta a sus preguntas en esos momentos que fueron casi siempre de menudos aprietos. Vuelvo a referir a Gutiérrez Nájera, quien dice de él lo siguiente:

-Este poeta ha nacido y vivido en Yucatán, como si hubiese nacido en las Cícladas. Siente el amor a Grecia, a la forma desnuda, sólo amiga de cubrirse de gotas de agua o gasas diáfanas, con encajes de pámpanos o perlas, cruzan su mar azul inconstantes nubes de sirenas. La encina se encorva sobre la cima oscura y honda: él sube alado a la más alta rama, y desde allí, cantando, ve la luz.

Además de poseer los secretos del canto inmortal, Novelo habla con gentileza y donosura en el habla de los grandes líricos españoles. Pule y abrillanta sus estrofas con castiza hoja de Toledo. Pueden calmar su sed los jóvenes poetas en esa poesía clara y pura.

A lo largo de su fructífera vida de poeta logró publicar y reunir una vasta colección de libros que hoy son invaluable legado que hay que divulgar, sobre todo por la gran calidad de esa su pluma maravillosa.

Algunos de estos libros son: Versos (1893), De mi musa (1896), Gérmenes (1905), Pétalos (1909), Abril (1937), El hombre y otros poemas (1938), Último abril (1939), Mieses de otoño (1940), Rosas de invierno (1943), Últimas rosas (1944), Alma patria y otros cantos (1945), Florecita y otros poemas (1946), Bajo otros cielos (1946), Rezagos líricos (1948), Rimas Santas (1949), Sonetos y poemas de catorce versos ( 1949), Últimos rezagos líricos (1954), Luciérnagas (1956), En la busca y otros poemas (1956).

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