21 de Noviembre de 2018

Opinión

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¿Pero, qué hace que alguien se transforme y olvide los principios básicos del respeto y la emblemática educación de ejemplares maestros?

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En sentido coloquial, cuando decimos que alguien es visceral, nos referimos a que, más allá de la razón, preparación, inteligencia o alta esfera que administra, pierde cordura y con prepotencia hostiga y maltrata de palabra, actitud o acción a seres humanos. Es más, califica para acosador. ¿Pero, qué hace que alguien se transforme y olvide los principios básicos del respeto y la emblemática educación de ejemplares maestros?

Lo traigo a colación porque hemos visto cómo quienes fueron “alfiles” y mostraban gran capacidad para continuar cimentando lo que con tanto trabajo y esfuerzo logran para el colectivo, de la noche a la mañana se convierten en “ídolos con pies de barro”, dejando atrás largas horas de convivencia personal, laboral y social. He insistido en que no tiene mucho que ver el número de años y peldaños académicos que detentes, sino la moral y buenos principios que recibas desde el seno familiar y que con el devenir cotidiano se fortalecen y terminan de moldear al individuo.

El proceso referido no es de unas horas, suma lustros y décadas de experiencia. ¿Quién mejor que usted, amable lector, conoce de este diario picar piedra para alcanzar la meta visualizada desde la infancia? Abonando de forma positiva mi comentario, ayer, en un foro muy particular, escuché un testimonio que verdaderamente me erizó la piel y me devolvió la esperanza y confianza en muchos elementos de esta nueva generación, que sí rescatan principios y valores y nos dan lecciones, devolviendo o reafirmando la esperanza que pudiese por momentos claudicar.

Estas acciones apabullan a los escasos escotomas u ovejas negras a los que hice referencia inicialmente, quienes muchas veces se sienten “intocables”, embriagados en su mundo megalómano y su erradicación o eliminación de tajo se hace difícil cuando se encuentra incrustados y/o protegidos por leyes. Estos personajes con actitudes soberbias amenazan el progreso que una nueva generación desea mejorar.

Como profesional y respetuoso de las discrepancias que pueden existir entre semejantes, destaco que nadie está libre de cometer errores, y mientras esté vivo, tiene la oportunidad de resarcirlos. Lo que sí es intolerable es la intransigencia, falta de respeto, sometimiento con violencia verbal, y patológicamente sentirse superior a cualquiera. En el camino andamos y es el momento de escuchar al cerebro, que con seguridad guiará cada una de tus acciones con la razón. Estamos en época de cambios profundos en el mundo, no dejemos que la víscera nos meta en aprietos: ¡podría ponerse peor!

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